Hace rato que quiero venir acá a escribir sobre mi gato. Pero la verdad es que lo que tengo para escribir ya lo lei una y mil veces casi siempre en blogs de mujeres solteras y con gatos. Condición de la que soy parte.
No quiero abultar al mundo con eso.
Soy feliz y tengo gato y mi gato me enseña otra vez a querer a alguien, aunque sea un gato. Y es lindo y ronrronea que da gusto y cada tanto se chifla y me araña.
Otras veces, no. Otras veces armamos combates de mis dedos contra sus bigotes y se desata la campal.
Que lindo es mi gato. Con que orgullo llevo mis piernas arañadas y mi corazón sanado.
Libélula de Acero
viernes, enero 06, 2012
lunes, octubre 24, 2011
Sietedelatarde
Entre las siete y las siete y veinte de la tarde es cuando las cosas importantes pasan. Mis últimos sietedelatarde casi siempre se la pasaron entre oficinas y cervezas, eso tiene que ver con un cambio de hábito importante y una nueva tendencia a decir que si a muchas cosas, pero eso no es lo importante. Lo que sí es importante es mi último siete y veinte de la tarde del viernes.
El viernes a las siete menos diez me cansé en mi trabajo, agarré mi cartera y me fui. De repente, las vaquitas eran ajenas y la importancia de no estar sentada frente a una computadora o rodeada de gente, era grande. Y urgente. No me despedí, no pregunté adonde íbamos. Sólo me fui.
Para las siete y diez estaba en la plaza, mirando las cosas importantes.
Muchas de las cosas importantes para para mi no sólo ocurren en esa franja horaria, sino que ocurren en una plaza.
En una plaza a mis trece entendí que mi mamá se había muerto para siempre, descubrí que quería estudiar letras y en otra también se me acabó el amor. También pasaron otras cosas, como encontrarme con amigos, salir de picnic a un parque rodeado de avenidas una noche de verano y tampoco me quiero olvidar de mi primer beso, que fue ahí en un banco del botánico.
Vuelvo al viernes y al mundo de la contemplación en la plaza. Ahí se ve todo. La ciudad está en sus plazas. Y ahora que lo pienso conozco muchas plazas de muchas ciudades y esto parece repetirse.
Es así, que el viernes en la plaza me acordé de lo lindo que es mirar y no pensar y propongo hacer de esto una rutina.
Terminar mi día contemplando la ciudad condensada en su plaza.
Entonces si pasas por la plaza y ves una chica sentada y con la mirada perdida, saludame. Puede que otra cosa importante me pase.
El viernes a las siete menos diez me cansé en mi trabajo, agarré mi cartera y me fui. De repente, las vaquitas eran ajenas y la importancia de no estar sentada frente a una computadora o rodeada de gente, era grande. Y urgente. No me despedí, no pregunté adonde íbamos. Sólo me fui.
Para las siete y diez estaba en la plaza, mirando las cosas importantes.
Muchas de las cosas importantes para para mi no sólo ocurren en esa franja horaria, sino que ocurren en una plaza.
En una plaza a mis trece entendí que mi mamá se había muerto para siempre, descubrí que quería estudiar letras y en otra también se me acabó el amor. También pasaron otras cosas, como encontrarme con amigos, salir de picnic a un parque rodeado de avenidas una noche de verano y tampoco me quiero olvidar de mi primer beso, que fue ahí en un banco del botánico.
Vuelvo al viernes y al mundo de la contemplación en la plaza. Ahí se ve todo. La ciudad está en sus plazas. Y ahora que lo pienso conozco muchas plazas de muchas ciudades y esto parece repetirse.
Es así, que el viernes en la plaza me acordé de lo lindo que es mirar y no pensar y propongo hacer de esto una rutina.
Terminar mi día contemplando la ciudad condensada en su plaza.
Entonces si pasas por la plaza y ves una chica sentada y con la mirada perdida, saludame. Puede que otra cosa importante me pase.
jueves, octubre 06, 2011
El arte del bolsito
Tiendo a establecer relaciones familiares dentro de las oficinas donde trabajo. Siempre hay una que se destaca frente a la otra. Tuve madres, hermanas, padres, tíos copados, tíos borrachos, abuelos y hasta novios.
En todos los casos las relaciones, tal y como debe ser, se diluyeron cuando me fui de la oficina. De todos aprendí. Al menos el desapego aprendí. Eso que nada es como lo percibís también lo aprendí. Alguien que no me conocer creería que aprendí a no repetirlas, pero eso no lo aprendí.
Vuelvo a ocupar el lugar familiar una y otra vez. Y mientras escribo eso me doy cuenta que tampoco está en mis planes no volver a repetirlo. Algo bueno debe tener.
Hoy día quién se sienta al lado mío insiste una y otra vez en llamarme hermana. Explicando una y otra vez que en otra vida, que la confianza. Imagino que lo hace sentirme menos amenaza. Allá él.
Pero lo que más me impactó de todos mis ambientes laborales es el bolsito.
En toda oficina hay una mujer, no importa la edad, sí la actitud. Decía, estas mujeesr tienen cartera grande y dentro de la cartera, un bolsito.
No se puede inferir lógicamente que todos los bolsitos dentro de carteras sean "el" bolsito, pero sí que una vez encontrado "el" bolsito de la mujer, éste, contenga cosas maravillosas.
Sospecho que el acceso al contenido es una cosa mas bien restringida a las otras mujeres de la oficina, pero no podría asegurarlo.
Mis experiencias con él. Mi primer contacto con él debe haber sido cerca de mis 19 cuando corriendo por el pasillo de mi entonces oficina me lleve puesto, a causa de mi entonces torpeza, algún clavo o símilar dañador de uniformes de oficina. Consecuencia, agujero en el sweater y cara consternada frente a próxima visita de inversores y pedido expreso de nuestra mejor apariencia.
Apareció mi madre oficinezca, me agarró del brazo y me presentó a su bolsito. Maravillosos ojos los que contemplaron ese contenido. Revolviendo aparecieron hilo y agujas sanadores, rodeados de cremas en miniatura, remedios de mil colores, curitas y ese es sólo el inicio.
Quedé consternada porque en mi mochila de entonces solo habitaban apuntes, resaltadores, restos de cerealitas y botellas de agua a medio terminar. La diferencia era abismal.
A partir de entonces mis visitas al bolsito fueron mas frecuentes y en su mayoría bien satisfechas. Ni hablar que mis dobadillos dejaron de ser sanados con ganchos de abrochadoras y reemplazados por correctos hilos acordes, los dolores de panza fueron curados en vez de con horribles tés de maquina por preciosas buscapinas y así...
Cuando me fui de esa oficina quise armarme mi propio bolso. Al mes de iniciada la tarea la crema pons hizo enchastre con el caramelo refresco y absorvió al botón blanco como si no hubiera un mañana. No estaba lista para esa tarea.
En los siguientes trabajos siempre tuve buen ojo y detecté a la portadora de ese tesoro y así proveerme de su contenido sin tener que cargar con la responsabilidad de la creación y portación . Siempre es bueno tener de amigo a un juez, aun ladrón y a una mujer con bolsito.
Hoy necesité de ese bolso y no lo pude encontrar. En este trabajo parece que no hay rol materno, o no lo detecté todavía y me propuse mentalmente armarlo aunque sea en ideas.
Por ahora lo único que podría incorporar es el olor de un ramo de jazmines, el gusto de un licuado de frutillas y naranjas de verano y un ticket válido por una tarde al sol. Resumiendo, cosas imprescindibles.
sábado, agosto 27, 2011
Vacaciones en tu cabeza
En el último tiempo, cambié de trabajo, volví a mi vida y me convertí en una persona ocho años menor a la indicada en mi dni.
Hace mucho tiempo que no medía el impacto de un trabajo en tu personalidad. De repente, hacer algo que te gusta, con gente que te entiende y con la que hay afinidad real, tuvo un impacto en mi ánimo que no pude llegar a dimensionar. Pertenezco a la generación en la que mi trabajo me define, o al menos eso me enteré en mi nuevo trabajo. Hay generaciones a las que no les sucede, a estos otros, muchas otras cosas los definen o quizás evolucionaron y nada los define mas que la indefinición y allá ellos. Decía, estoy habitando un espacio feliz y conociendo muchas gentes. En este estado supe atraer a dos cabezas muy simpáticas que vinieron a compartir la mesa conmigo.
Me detendría a contarte todas las batallas internas que tuve que atravesar para poder decir que si, que vengan, que yo cocino, batallas para no cocinarme la vida, para no cancelar a último momento, pero mejor no.
Mejor te cuento que vinieron, cada a uno a su cena por separado, y se sentaron y me miraron y los miré. En algún momento de la noche se fueron distrajendo y me dejaron conocerlos. Fue maravilloso.
Quizás el contraste fue lo más impactante. Un ser simple y calmo y un ser turbado y pretenciosamente oscuro bajando de a poco sus guardias. Hay algo maravilloso cuando alguien baja las guardias. Hay algo maravilloso en un hombre que se sabe atractivo en su mente. En cualquiera de los dos casos, el resultado de las noche fue interesante. Lo mas maravilloso de todo fue la sensación de habitar una mente ajena.
Aparentemente cuando soy feliz soy menos egoísta, porque no recuerdo haber hablado en esas noches, o utilizado estrategia de comunicación alguna.
Sólo fueron noches en las que me fui de vacaciones a sus cabezas. Y me gustaron.
Hace mucho tiempo que no medía el impacto de un trabajo en tu personalidad. De repente, hacer algo que te gusta, con gente que te entiende y con la que hay afinidad real, tuvo un impacto en mi ánimo que no pude llegar a dimensionar. Pertenezco a la generación en la que mi trabajo me define, o al menos eso me enteré en mi nuevo trabajo. Hay generaciones a las que no les sucede, a estos otros, muchas otras cosas los definen o quizás evolucionaron y nada los define mas que la indefinición y allá ellos. Decía, estoy habitando un espacio feliz y conociendo muchas gentes. En este estado supe atraer a dos cabezas muy simpáticas que vinieron a compartir la mesa conmigo.
Me detendría a contarte todas las batallas internas que tuve que atravesar para poder decir que si, que vengan, que yo cocino, batallas para no cocinarme la vida, para no cancelar a último momento, pero mejor no.
Mejor te cuento que vinieron, cada a uno a su cena por separado, y se sentaron y me miraron y los miré. En algún momento de la noche se fueron distrajendo y me dejaron conocerlos. Fue maravilloso.
Quizás el contraste fue lo más impactante. Un ser simple y calmo y un ser turbado y pretenciosamente oscuro bajando de a poco sus guardias. Hay algo maravilloso cuando alguien baja las guardias. Hay algo maravilloso en un hombre que se sabe atractivo en su mente. En cualquiera de los dos casos, el resultado de las noche fue interesante. Lo mas maravilloso de todo fue la sensación de habitar una mente ajena.
Aparentemente cuando soy feliz soy menos egoísta, porque no recuerdo haber hablado en esas noches, o utilizado estrategia de comunicación alguna.
Sólo fueron noches en las que me fui de vacaciones a sus cabezas. Y me gustaron.
sábado, abril 30, 2011
18.31
Mi recuerdo mas fuerte de Alfonsín es de cuando dijo que la casa estaba en orden. También me acuerdo donde estaba en esa Pascua y puedo jurar que mientras Seineldín se pintaba la cara con rayas negras yo estaba escondida en el galpón del campo de Josefina en Las Flores, pcia de Buenos Aires.
Probablemente estuviera escondida de Josefina y enamorada de algún libro. Un libro sin muchas aspiraciones, casi puedo jurar que era Descubre tu propia aventura, pero me vinieron a buscar para tomar el Nesquick y cuando entré escuché por la radio de la cocina esto de la casa estando en orden y esbozos de una débil explicación de humanos enfrentándose.
Claro que ya habíamos tenido antes el simulacro de conflicto en el colegio en caso de bombardeo inglés, pero ahi no me lo acuerdo como asimilación de guerra, sino mas bien una prolongación de un cantito que cantábamos en los recreos de mi colegio con uniforme escocés que decía bobby, mi buen amigo, este verano no podré jugar contigo. También recuerdo a un amigo de mi padre expresando lo inconveniente de la guerra que no le permitía mantener la tradición de llamar a su hijo con nombre inglés como las cinco generaciones que lo precedían. Se deduce, mi aprehensión de la guerra, fue en ese entonces bastante confusa.
Esa pascua sin dudas fue mi primer registro de turbulencia real. No recuerdo que palabras usaron, pero si noté la tensión en la voz. La angustia cuando me hablaron del servicio militar obligatorio y que hasta cuando y con que fin. Hoy leo conflictos en países lejanos, muertes como quien cuenta ovejas y no me impacta emocionalmente. Me impacta moralmente, y reduzco su inmensidad a expresiones de tipo: todo por un tonel de petróleo y cosas así y me pregunto también que pasaría si la guerra física me volviera a tocar de cerca.
A eso no lo puedo digerir y en cambio elijo concentrarme en todas mis guerras internas. Pequeña burguesa, niña rica y aburrida, solo que sin plata. Eso si que no llegó.
Gran parte de la energía que me queda se me va en sostener a mi padre que elije, esta vez con causa, dejarse morir, negarse a tratamientos y todo el conflicto que se me presenta attachado a la muerte temprana de madre, que sí quería vivir y no pudo.
El restante de la energía se me va en dejar ir a personas que no están enfermas, que a conciencia eligen no tenerme en su vida y yo también tengo que aceptar eso. En definitiva en un mañana yo estaré mejor sin ellas. Ya estamos grandes para andar reteniendo seres, es el proceso lo que duele más. Me repito como mantra, un día calmará.
En otra instancia de mi día en donde no soy el centro de mí misma, una amiga que nunca me pidió nada a cambio de las mejores charlas que he tenido sostenidamente y a lo largo de muchos años, retoma parte de un chat robado a mis horas de trabajo y me descontextualiza y cita en su blog diciendo que resucito a las 18:30 de cada día laboral.
Que son horas muertas hasta ese punto. Que no soy, hasta entonces.
Y la leo a ella, la imagino identificándose con la actitud, pero corriendo 18.35 a sus cuadros, a su amor.
Y yo me veo corriendo a mi computadora y a mis guerras, a mi sexo sin amor y una casa violeta. Vacía.
Mientras digiero esto me encuentro calmándome, dándome palmaditas en la espalda al son de tranquila, vos hacés lo que podes. Patrañas.
Quisiera ser libre de guerras, ser libre de retenciones, libre de responsabilidades inscriptas.
Quisiera ser yo después de las 18.30.
Quisiera desear.
Probablemente estuviera escondida de Josefina y enamorada de algún libro. Un libro sin muchas aspiraciones, casi puedo jurar que era Descubre tu propia aventura, pero me vinieron a buscar para tomar el Nesquick y cuando entré escuché por la radio de la cocina esto de la casa estando en orden y esbozos de una débil explicación de humanos enfrentándose.
Claro que ya habíamos tenido antes el simulacro de conflicto en el colegio en caso de bombardeo inglés, pero ahi no me lo acuerdo como asimilación de guerra, sino mas bien una prolongación de un cantito que cantábamos en los recreos de mi colegio con uniforme escocés que decía bobby, mi buen amigo, este verano no podré jugar contigo. También recuerdo a un amigo de mi padre expresando lo inconveniente de la guerra que no le permitía mantener la tradición de llamar a su hijo con nombre inglés como las cinco generaciones que lo precedían. Se deduce, mi aprehensión de la guerra, fue en ese entonces bastante confusa.
Esa pascua sin dudas fue mi primer registro de turbulencia real. No recuerdo que palabras usaron, pero si noté la tensión en la voz. La angustia cuando me hablaron del servicio militar obligatorio y que hasta cuando y con que fin. Hoy leo conflictos en países lejanos, muertes como quien cuenta ovejas y no me impacta emocionalmente. Me impacta moralmente, y reduzco su inmensidad a expresiones de tipo: todo por un tonel de petróleo y cosas así y me pregunto también que pasaría si la guerra física me volviera a tocar de cerca.
A eso no lo puedo digerir y en cambio elijo concentrarme en todas mis guerras internas. Pequeña burguesa, niña rica y aburrida, solo que sin plata. Eso si que no llegó.
Gran parte de la energía que me queda se me va en sostener a mi padre que elije, esta vez con causa, dejarse morir, negarse a tratamientos y todo el conflicto que se me presenta attachado a la muerte temprana de madre, que sí quería vivir y no pudo.
El restante de la energía se me va en dejar ir a personas que no están enfermas, que a conciencia eligen no tenerme en su vida y yo también tengo que aceptar eso. En definitiva en un mañana yo estaré mejor sin ellas. Ya estamos grandes para andar reteniendo seres, es el proceso lo que duele más. Me repito como mantra, un día calmará.
En otra instancia de mi día en donde no soy el centro de mí misma, una amiga que nunca me pidió nada a cambio de las mejores charlas que he tenido sostenidamente y a lo largo de muchos años, retoma parte de un chat robado a mis horas de trabajo y me descontextualiza y cita en su blog diciendo que resucito a las 18:30 de cada día laboral.
Que son horas muertas hasta ese punto. Que no soy, hasta entonces.
Y la leo a ella, la imagino identificándose con la actitud, pero corriendo 18.35 a sus cuadros, a su amor.
Y yo me veo corriendo a mi computadora y a mis guerras, a mi sexo sin amor y una casa violeta. Vacía.
Mientras digiero esto me encuentro calmándome, dándome palmaditas en la espalda al son de tranquila, vos hacés lo que podes. Patrañas.
Quisiera ser libre de guerras, ser libre de retenciones, libre de responsabilidades inscriptas.
Quisiera ser yo después de las 18.30.
Quisiera desear.
viernes, abril 15, 2011
111
Empecé a viajar en el 111 cuando empecé a trabajar acá en esta oficina desde la que tipeo. Algo que me gusta mucho de cambiar de trabajo es cambiar de recorrido de colectivo. Nunca me pasó de cambiar de trabajo y mantener la línea. Hay que ver que me pasa ahí.
Decía hace mas o menos 6 meses que viajo en el 111 y hace mas o menos 5 meses que reconozco las caras.
Comparto viaje con estudiantes de Agronomía, veterniaria y tal. Me entero de las salidas de los chicos, de las épocas de exámenes y fue lindo viajar en Enero sin gritos de asiento a asiento.
Ahi fue que termine de identificar a mis compañeros leales. A los permanentes, a los que viven la misma rutina que yo, esa que implica a las 8.20 estar en la parada para recibir al colectivo.
Entre los que reconocí me identifique una mañana con una pareja. Yo me acababa de despedir en la esquina y tenía, también, el pelo mojado de la despedida post coital. Ellos se subieron juntos y continuaron el acto amatorio. Esa urgencia de besos que habla de inicio de la relación. Ella y sus rulos mojados tan contenta, colgándose del brazo de él. El, por suerte, respondiendo.
Ah! Sonreimos todos.
Ella tenía un uniforme de un centro médico. A él le adjudique la categoría de médico o tal vez de Jefe de Administración.
Pasaron los días, muchos coincidimos. Según mi humor matinal los odiaba o me alegraban la mañana.
La situación se iba calmando. Ya se sentaban, ya podían hablar sin interrupción de bocas. Se fueron volviendo reales, pero seguían tomando el colectivo juntos. Un día ella apareció con los rulos secosy cada vez menos sonrisas.
Todo terminó de cerrar hoy, cuando en mi parada aparece él, sin los rulos de ella. Y mirando el reloj impaciente decide tomar e 39.
Casi le grito que ahi venía el 111 pero se sabe que la fraternalización de compañeros frecuentes de colectivos es algo interno. Difícil exteriorizarla.
Por suerte conseguí asiento y con gran tristeza pude ver que en la parada siguiente se subió ella. Rulos secos y ojos hinchados, mirando con desilución para no encontrarlo.
Tuve que hacer mucha fuerza para no ir a abrazarla a su asiento.
Los finales de una relación siempre son duros. Pero cuando se vive desde afuera, viendo los pasos a seguir, siempre duelen mas.
Hoy brindo por ellos. Porque la próxima les dure mas.
Decía hace mas o menos 6 meses que viajo en el 111 y hace mas o menos 5 meses que reconozco las caras.
Comparto viaje con estudiantes de Agronomía, veterniaria y tal. Me entero de las salidas de los chicos, de las épocas de exámenes y fue lindo viajar en Enero sin gritos de asiento a asiento.
Ahi fue que termine de identificar a mis compañeros leales. A los permanentes, a los que viven la misma rutina que yo, esa que implica a las 8.20 estar en la parada para recibir al colectivo.
Entre los que reconocí me identifique una mañana con una pareja. Yo me acababa de despedir en la esquina y tenía, también, el pelo mojado de la despedida post coital. Ellos se subieron juntos y continuaron el acto amatorio. Esa urgencia de besos que habla de inicio de la relación. Ella y sus rulos mojados tan contenta, colgándose del brazo de él. El, por suerte, respondiendo.
Ah! Sonreimos todos.
Ella tenía un uniforme de un centro médico. A él le adjudique la categoría de médico o tal vez de Jefe de Administración.
Pasaron los días, muchos coincidimos. Según mi humor matinal los odiaba o me alegraban la mañana.
La situación se iba calmando. Ya se sentaban, ya podían hablar sin interrupción de bocas. Se fueron volviendo reales, pero seguían tomando el colectivo juntos. Un día ella apareció con los rulos secosy cada vez menos sonrisas.
Todo terminó de cerrar hoy, cuando en mi parada aparece él, sin los rulos de ella. Y mirando el reloj impaciente decide tomar e 39.
Casi le grito que ahi venía el 111 pero se sabe que la fraternalización de compañeros frecuentes de colectivos es algo interno. Difícil exteriorizarla.
Por suerte conseguí asiento y con gran tristeza pude ver que en la parada siguiente se subió ella. Rulos secos y ojos hinchados, mirando con desilución para no encontrarlo.
Tuve que hacer mucha fuerza para no ir a abrazarla a su asiento.
Los finales de una relación siempre son duros. Pero cuando se vive desde afuera, viendo los pasos a seguir, siempre duelen mas.
Hoy brindo por ellos. Porque la próxima les dure mas.
jueves, diciembre 16, 2010
lunes, noviembre 08, 2010
1
Anoche soñé. Entiendo que todas las noches se sueña, como quien dice que todas las mañanas se limpia la vereda. Aparecen limpias, pero pocas veces uno ve realmente al responsable de la acción.
Anoche, me corrijo, no solo soñé, sino que hoy a la mañana todavía recordaba mi sueño. Por eso creo que vale la pena escribir mi sueño, como la descripción de un collage macabro que me refleja tomando escenas parciales de mis últimos días. En lo del collage me refleja, lo macabro por ahora no. Al menos no quisiera.
Soñé que tenía sexo. No soñé con el polvo en sí mismo, sino que soñé que estaba frente a un amigo, de esos que yo no veo nunca pero que están de alguna manera cibernética en mi vida, y estábamos frente a frente, a pesar de que él vive en Michigan, y uno de los dos, yo creo que fue el pero frente a mi estado consciente esto puede no ser tan así, me preguntaba que onda si cogemos? y yo le respondía, cual mujer fatal que disto años luz de ser, bueno, pero siempre y cuando no te enamores.
Y entonces cogíamos. Y era un buen polvo. Y yo me sentía bien. Con la cuota justa de desapego, así como bueno y en que estábamos antes de esto? pero sin esa cosa de angustia del sexo con desconocidos que te incomoda y te hace sentir un vacío.
No, no me sentía vacía, pero tampoco enamorada. Y eso que yo siempre después de coger con quien conozco no lo puedo evitar y me salen corazones de los ojos y tal y bueno acá no por suerte.
Entonces retomábamos la charla de antes y estábamos en un campo que quedaba como atrás de la estación de retiro o algo así. Porque había un parque afuera, una plaza con una escultura moderna y nos preocupábamos porque había unos chiquitos metiendo las patas en la fuente/escultura moderna y temíamos que se electrocutaran y después seguíamos hablando mientras nos alejábamos y él volvía a Michigan y su doctorado en economics y yo corría a decirles a mis amigas chicas lo logré! mi primer polvo de después de Jaime, vengan y vean que alegría.
Casi tan contenta que lo daba por hecho hoy cuando me levanté y casi escribo en el mail, chicas! chicas!, cogí sin amor y sobreviví. Pero después me puse a pensar que cuando habría sido esto si yo apenas me fui a dormir a la una y ahora son las siete y media y entonces no pasó. Y acá estoy saliendo de casa para ir al trabajo y cierro la puerta y la portera del edificio de al lado de casa limpia la vereda y sin darse cuenta con la manguera me moja los pies y que incordio, andar todo el día con los pies fríos.
Anoche, me corrijo, no solo soñé, sino que hoy a la mañana todavía recordaba mi sueño. Por eso creo que vale la pena escribir mi sueño, como la descripción de un collage macabro que me refleja tomando escenas parciales de mis últimos días. En lo del collage me refleja, lo macabro por ahora no. Al menos no quisiera.
Soñé que tenía sexo. No soñé con el polvo en sí mismo, sino que soñé que estaba frente a un amigo, de esos que yo no veo nunca pero que están de alguna manera cibernética en mi vida, y estábamos frente a frente, a pesar de que él vive en Michigan, y uno de los dos, yo creo que fue el pero frente a mi estado consciente esto puede no ser tan así, me preguntaba que onda si cogemos? y yo le respondía, cual mujer fatal que disto años luz de ser, bueno, pero siempre y cuando no te enamores.
Y entonces cogíamos. Y era un buen polvo. Y yo me sentía bien. Con la cuota justa de desapego, así como bueno y en que estábamos antes de esto? pero sin esa cosa de angustia del sexo con desconocidos que te incomoda y te hace sentir un vacío.
No, no me sentía vacía, pero tampoco enamorada. Y eso que yo siempre después de coger con quien conozco no lo puedo evitar y me salen corazones de los ojos y tal y bueno acá no por suerte.
Entonces retomábamos la charla de antes y estábamos en un campo que quedaba como atrás de la estación de retiro o algo así. Porque había un parque afuera, una plaza con una escultura moderna y nos preocupábamos porque había unos chiquitos metiendo las patas en la fuente/escultura moderna y temíamos que se electrocutaran y después seguíamos hablando mientras nos alejábamos y él volvía a Michigan y su doctorado en economics y yo corría a decirles a mis amigas chicas lo logré! mi primer polvo de después de Jaime, vengan y vean que alegría.
Casi tan contenta que lo daba por hecho hoy cuando me levanté y casi escribo en el mail, chicas! chicas!, cogí sin amor y sobreviví. Pero después me puse a pensar que cuando habría sido esto si yo apenas me fui a dormir a la una y ahora son las siete y media y entonces no pasó. Y acá estoy saliendo de casa para ir al trabajo y cierro la puerta y la portera del edificio de al lado de casa limpia la vereda y sin darse cuenta con la manguera me moja los pies y que incordio, andar todo el día con los pies fríos.
jueves, agosto 12, 2010
Let us go then, you and I
Cosas que te pasan cuando se te cae el café con leche en tu notebook.
Decidis relajarla después que te dicen que no tiene arreglo y estas viendo algo y te acordas de un poema de T. S. Elliot y maldecís por no poder gugliarlo y entonces te acordas de Juarroz hablándolo y ahi está en tu biblioteca, en su libro y en papel tangible y entonces te da nostalgia de cuando las cosas se buscaban a mano y no con yemas de dedos y vos y el puema contenido en el libro se van de la mano a la cama, que la laptop jamas se atrevería a tamaño avance y se duermen juntos. Y sueñan con tierras baldías llenas de cosas que ya no están en tu vida pero te habitan ahi.
Asi, sí.
Decidis relajarla después que te dicen que no tiene arreglo y estas viendo algo y te acordas de un poema de T. S. Elliot y maldecís por no poder gugliarlo y entonces te acordas de Juarroz hablándolo y ahi está en tu biblioteca, en su libro y en papel tangible y entonces te da nostalgia de cuando las cosas se buscaban a mano y no con yemas de dedos y vos y el puema contenido en el libro se van de la mano a la cama, que la laptop jamas se atrevería a tamaño avance y se duermen juntos. Y sueñan con tierras baldías llenas de cosas que ya no están en tu vida pero te habitan ahi.
Asi, sí.
And indeed there will be time
To wonder, “Do I dare?” and, “Do I dare?”
Time to turn back and descend the stair,
With a bald spot in the middle of my hair—
[They will say: “How his hair is growing thin!”]
My morning coat, my collar mounting firmly to the chin,
My necktie rich and modest, but asserted by a simple pin—
[They will say: “But how his arms and legs are thin!”]
Do I dare
Disturb the universe?
In a minute there is time
For decisions and revisions which a minute will reverse
martes, agosto 10, 2010
Mi termo y yo.
Me especializo en darle entidad a los objetos. No conforme con eso también me generan sentimientos en su estado éntico. Por ejemplo, me da ternura cuando cambio el agua del día anterior de mi termo. Siento que estuvo guardando el agua a temperatura todo este tiempo y al pedo.
Claro que cualquier similitud con la vida real, es merísima intencionalidad.
Claro que cualquier similitud con la vida real, es merísima intencionalidad.
miércoles, agosto 04, 2010
Todo es ficcionalizable
Imaginate que vivís en recoleta. Imaginate que sos lugareña en recoleta. Es tu hábitat. Pero imaginate que tampoco perteneces. Entonces buscas un puto lugar de pertenencia. Algún lugar que no te haga conflicto. Y ahí te encontrás con un papel y el teléfono de Valeria - Tarotista. Bajo la consigna de excelencia.en predicciones y un buen historial de adivinanzas, levantas el teléfono y dejas mensaje. Te llaman y concertas cita para el día siguiente.
Entonces te pones tu tapado mas abrigado y salís a combatir a la ola polar que predicen los medios de comunicación varios y te subís a un colectivo, después a otro y llegas en hora.
Tocas timbre y te das cuenta que nada en tu vida, te preparó para esto.
Un portón verde y cuatro sillas en un pasillo, con cuatro mujeres, claro. Los hombres de alguna manera parecen inmunes a la futurologia. Un tema de géneros pienso.
No hay sillas libres. Asomo mi cabeza pensando que esto es como ir al médico, habrá que anunciarse pienso. Y una señora me responde: ella sabe que estas. Aparentemente ahora pienso en voz alta. Todas esperan a Valeria. El pasillo esta lleno de estampitas. Imagenes de Jesús, flores de plástico y no lo veo pero imagino al gauchito gil en algún costado lleno de cintas rojas y vicios varios.
El olor a pis se torna de a ratos insoportable. La mujer al lado mío parece no percatarse y a cambio dibuja lineas en una hoja blanca con su lápiz automático. ¿Tarda mucho? pregunto. Con algunas si. ¿Es tu primera vez? Es mi primera vez en el tarot - respondo. Eleva sus ojos al cielo y agrega que Valeria es muy respetada. Los politicos vienen a verla, pero ella no es carera. Ella es del pueblo, agrega. Después una larga perorata sobre su vida, porque vino, que le falta. Esto me ocurre siempre. Casi siempre con las viejas de las colas del supermercado. La gente me habla, me cuenta su vida. Acá, también.
Saco mi libro y trato de amenizar la espera, en realidad trato de contenerme para no salir corriendo. Los dos colectivos y el coraje es difícil de volver a estar combinados, aprovecho el impulso y me quedo.
Si pienso que en ese mismo día tuve mi sesión de terapia, apenas dos horas antes, no tengo cómo quedarme. Respiro hondo y recuerdo a quien me lo recomendó y su poco probable destino y cómo se hizo realidad, anunciado por Valeria.
Entra gente, sale gente. Yo leo. A Jhon Kennedy Tool leo. Ignatius se me presenta tan familiar que solo me río.
Cada tanto leo las paredes. Cualgan entre imágenes paganas diplomas de tarot con nombres ya esfumados por el paso del tiempo. En el medio, una bandera paraguaya.
Pasa mas gente y me toca a mi. A pesar del cartel que pide no grabar o filmar las entrevistas cometo un acto de locura y prendo mi celular para que grabe su voz.
Me toca a mi, mezclo las cartas y empieza el discurso sobre mi vida. Sobre mi amor, sobre mi futuro.
Todo parece mínimo, hechos dados. El no vuelve, yo sigo amando desde acá, aparece un hombre nuevo, soy afortunada, esta es tu historia parece decirme. Yo solo atino a afirmarlo, con ojos abiertos.
Habla de trabas, embrujos dice. Ella lo resuelve, solo rezando y sin pagos adicionales.
Pago mis setenta pesos y le doy un beso.
Primero por hacerme recordar tantas cosas, segundo por decirme que él me quiso como pudo.
Llego a casa y escucho lo que quedó grabado. Uno de estos días buscando, voy a encontrar algo, pienso.
Lo único que se ahora es que tengo voz de pelotuda.
Entonces te pones tu tapado mas abrigado y salís a combatir a la ola polar que predicen los medios de comunicación varios y te subís a un colectivo, después a otro y llegas en hora.
Tocas timbre y te das cuenta que nada en tu vida, te preparó para esto.
Un portón verde y cuatro sillas en un pasillo, con cuatro mujeres, claro. Los hombres de alguna manera parecen inmunes a la futurologia. Un tema de géneros pienso.
No hay sillas libres. Asomo mi cabeza pensando que esto es como ir al médico, habrá que anunciarse pienso. Y una señora me responde: ella sabe que estas. Aparentemente ahora pienso en voz alta. Todas esperan a Valeria. El pasillo esta lleno de estampitas. Imagenes de Jesús, flores de plástico y no lo veo pero imagino al gauchito gil en algún costado lleno de cintas rojas y vicios varios.
El olor a pis se torna de a ratos insoportable. La mujer al lado mío parece no percatarse y a cambio dibuja lineas en una hoja blanca con su lápiz automático. ¿Tarda mucho? pregunto. Con algunas si. ¿Es tu primera vez? Es mi primera vez en el tarot - respondo. Eleva sus ojos al cielo y agrega que Valeria es muy respetada. Los politicos vienen a verla, pero ella no es carera. Ella es del pueblo, agrega. Después una larga perorata sobre su vida, porque vino, que le falta. Esto me ocurre siempre. Casi siempre con las viejas de las colas del supermercado. La gente me habla, me cuenta su vida. Acá, también.
Saco mi libro y trato de amenizar la espera, en realidad trato de contenerme para no salir corriendo. Los dos colectivos y el coraje es difícil de volver a estar combinados, aprovecho el impulso y me quedo.
Si pienso que en ese mismo día tuve mi sesión de terapia, apenas dos horas antes, no tengo cómo quedarme. Respiro hondo y recuerdo a quien me lo recomendó y su poco probable destino y cómo se hizo realidad, anunciado por Valeria.
Entra gente, sale gente. Yo leo. A Jhon Kennedy Tool leo. Ignatius se me presenta tan familiar que solo me río.
Cada tanto leo las paredes. Cualgan entre imágenes paganas diplomas de tarot con nombres ya esfumados por el paso del tiempo. En el medio, una bandera paraguaya.
Pasa mas gente y me toca a mi. A pesar del cartel que pide no grabar o filmar las entrevistas cometo un acto de locura y prendo mi celular para que grabe su voz.
Me toca a mi, mezclo las cartas y empieza el discurso sobre mi vida. Sobre mi amor, sobre mi futuro.
Todo parece mínimo, hechos dados. El no vuelve, yo sigo amando desde acá, aparece un hombre nuevo, soy afortunada, esta es tu historia parece decirme. Yo solo atino a afirmarlo, con ojos abiertos.
Habla de trabas, embrujos dice. Ella lo resuelve, solo rezando y sin pagos adicionales.
Pago mis setenta pesos y le doy un beso.
Primero por hacerme recordar tantas cosas, segundo por decirme que él me quiso como pudo.
Llego a casa y escucho lo que quedó grabado. Uno de estos días buscando, voy a encontrar algo, pienso.
Lo único que se ahora es que tengo voz de pelotuda.
lunes, noviembre 20, 2006
Black Shot III
Una mujer embarazada de ocho meses
sale a la calle vestida de negro.
Se para en la esquina y cuando pasa una mujer de pelo rubio y vestidos blancos la invita a compartir su cama y su sexo
sale a la calle vestida de negro.
Se para en la esquina y cuando pasa una mujer de pelo rubio y vestidos blancos la invita a compartir su cama y su sexo
viernes, noviembre 17, 2006
Tengo a un montón de gente prendida de mi espalda. Vértebra por vértebra se aferran y tiran y pesan. Y el sopor me envuelve los ojos y la nariz como un sweater en invierno. Dificulta la respiración. Aporta al peso total.
Pero sin embargo sigo. Y me paro derecha y juego a que no hay nadie en mis espaldas y sonrió. Emprendo el camino. Muevo la mano como participante barata de un concurso de belleza. (Que no se note, que no se note, todo lo que duele. Que nadie vea)
Buscar el camino del propio abrazo. Dejar de buscar un brazo ajeno que lleve a un pecho cálido al que llegar. (Sonreí Magdalena). Que no vean tus lluvias internas. Sacate ese gesto de constricción.Empezó la música, vamos a saltar. Rebotar a morir. Perder, salto a salto, algún enganchado vertebral. Rebotar y perder la conciencia. Fumar y escapar. Que no duela, que no duela. Mirar y no ver. Estate sola. No abras la puerta, que no viene nadie a comer. Esta vez estás vos sola y tus muertos en la espalda. Música al palo. Me cago en los vecinos, girar y girar y rebotar y liberar y mas humo y confusión.
Yo siempre quise tener unos labios color rosa bebé. En cambio estoy acá atrapada, con esta boca tan… color pezón.
Pero sin embargo sigo. Y me paro derecha y juego a que no hay nadie en mis espaldas y sonrió. Emprendo el camino. Muevo la mano como participante barata de un concurso de belleza. (Que no se note, que no se note, todo lo que duele. Que nadie vea)
Buscar el camino del propio abrazo. Dejar de buscar un brazo ajeno que lleve a un pecho cálido al que llegar. (Sonreí Magdalena). Que no vean tus lluvias internas. Sacate ese gesto de constricción.Empezó la música, vamos a saltar. Rebotar a morir. Perder, salto a salto, algún enganchado vertebral. Rebotar y perder la conciencia. Fumar y escapar. Que no duela, que no duela. Mirar y no ver. Estate sola. No abras la puerta, que no viene nadie a comer. Esta vez estás vos sola y tus muertos en la espalda. Música al palo. Me cago en los vecinos, girar y girar y rebotar y liberar y mas humo y confusión.
Yo siempre quise tener unos labios color rosa bebé. En cambio estoy acá atrapada, con esta boca tan… color pezón.
miércoles, noviembre 15, 2006
Ansiedad
¿Te esperan a coger? A mí ya no me esperan.
Hoy en este minuto inmensurable
ya no me enrojecen los roces de una barba
ni el elixir de un whisky importado
me ofrece la promesa de Brangania
para inundar mis venas con cualquier semen
infinito hálito del alma universal supremo deleite.
Ya no golpean mi teléfono ni me hago mago en el polvo ilusorio
no huelo el vapor de los aromas
no contesto ni trago ni sudo ni me pregunto
ni digo cómo que no me estás mintiendo
porque por un minuto por lo menos por fin sé
que este cigarrillo que fumo
no es el que se quema al borde de la cama
sino solamente la ceniza que al mundo regalan mis pulmones.
Ya no suspiro por fondos de bocas ideales
ni hago del día un pozo para enterrar esa poquita vergüenza
en la que después de por favor y perdón
el mecánico ansioso grito manchado
espera que te estés esperando siempre.
Ignacio Miller
Hace tiempo que quería poner este escrito.
Hum.. enjoy!
Hoy en este minuto inmensurable
ya no me enrojecen los roces de una barba
ni el elixir de un whisky importado
me ofrece la promesa de Brangania
para inundar mis venas con cualquier semen
infinito hálito del alma universal supremo deleite.
Ya no golpean mi teléfono ni me hago mago en el polvo ilusorio
no huelo el vapor de los aromas
no contesto ni trago ni sudo ni me pregunto
ni digo cómo que no me estás mintiendo
porque por un minuto por lo menos por fin sé
que este cigarrillo que fumo
no es el que se quema al borde de la cama
sino solamente la ceniza que al mundo regalan mis pulmones.
Ya no suspiro por fondos de bocas ideales
ni hago del día un pozo para enterrar esa poquita vergüenza
en la que después de por favor y perdón
el mecánico ansioso grito manchado
espera que te estés esperando siempre.
Ignacio Miller
Hace tiempo que quería poner este escrito.
Hum.. enjoy!
domingo, noviembre 12, 2006
Mi relación con el universo
Mi vida está llena de simbolismos. Los hay todo el tiempo y en todas las formas. Algunos los intuyo, otros los se de memoria y algunos otros los ignoro hasta que es el momento.
A continuación algunos que recuerdo de estos últimos tiempos:
Los cristales y yo.
Mi cicatriz en la mano derecha fue causada por el quiebre de un jarrón de rosas que alguien mandó. Quizás en el momento equivocado. En el mismo día que decido dejar de pensar en él y hacer algo al respecto, como por ejemplo tomarme un avión a México, cambiándole el agua a las rosas, el jarrón de cristal se rompe en mis manos, causándome un tajo de siete puntos y una cicatriz, esta vez, visible.
El primer domingo después de muchos años que invito a mi padre a almorzar a mi casa, cuando se van, mi vaso de Coca Light decide jugar al efecto dominó y rompe la copa de cristal. La copa donde mi padre alcohólico bebió una vez más su vino.
Los insectos y yo.
Inecita viene a casa y llora en mi sillón sin poder hablar. Cuando logra contarme la muerte de una Magdalena una polilla decide jugar a las espirales por el cielo y acabar su breve vida de un “cabezazo” contra la bombilla de luz.
Sábado a la noche, esperándote, aparece una babosa del amor en mi living. De las mismas que aparecen cada vez que me enamoro. A mitad de camino, decide detener su marcha y morir. Quizás la haya pisado yo sin darme cuenta. Casualmente, vos no venís.
A continuación algunos que recuerdo de estos últimos tiempos:
Los cristales y yo.
Mi cicatriz en la mano derecha fue causada por el quiebre de un jarrón de rosas que alguien mandó. Quizás en el momento equivocado. En el mismo día que decido dejar de pensar en él y hacer algo al respecto, como por ejemplo tomarme un avión a México, cambiándole el agua a las rosas, el jarrón de cristal se rompe en mis manos, causándome un tajo de siete puntos y una cicatriz, esta vez, visible.
El primer domingo después de muchos años que invito a mi padre a almorzar a mi casa, cuando se van, mi vaso de Coca Light decide jugar al efecto dominó y rompe la copa de cristal. La copa donde mi padre alcohólico bebió una vez más su vino.
Los insectos y yo.
Inecita viene a casa y llora en mi sillón sin poder hablar. Cuando logra contarme la muerte de una Magdalena una polilla decide jugar a las espirales por el cielo y acabar su breve vida de un “cabezazo” contra la bombilla de luz.
Sábado a la noche, esperándote, aparece una babosa del amor en mi living. De las mismas que aparecen cada vez que me enamoro. A mitad de camino, decide detener su marcha y morir. Quizás la haya pisado yo sin darme cuenta. Casualmente, vos no venís.
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