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martes, junio 20, 2006

Objetos de Familia

Matilde abre su tapado, mete su mano y con los dedos roza el borde de un reloj de bolsillo. Mira alrededor y se asegura que nadie la este mirando.

Cuando el solitario transeúnte desparece del perímetro seguro alrededor de ese banco de plaza, ella vacía sus bolsillos y recuenta su botín.

Lapicera, hebilla para el pelo, caramelo, dos aros y un pañuelo blanco como nube. Y el reloj. Su preciado reloj de bolsillo.

Siente nuevamente la angustia que sufrió cuando los consiguió. La adrenalina bombeando en sus oídos, la taquicardia, los millones de ojos que le brotaron en la espalda mientras sus manos acariciaban cada uno de estos objetos. El dulce sabor de haberlos poseído. Su respiración se tranquiliza.

Vuelve a guardar cada uno de ellos en su bolso,. Los toma como si fueran pichones de gorrión recién nacidos. Los acaricia, y suavemente los desliza hasta el fondo de su mochila.

Camina por las calles con una extraña combinación de seguridad y temor. La seguridad de saberse poseedora de tesoros de certezas y el temor de hallarse descubierta.

Sube las escaleras, se cruza con compañeros de clase y esconde la cabeza. Evita sus miradas. Evita sus saludos. Hace ya tiempo que la gente dejó de mirarla. Es el halo oscuro que la rodea los que los mantiene al margen. Sus respuestas monosilábicas. Su única respuesta frente a la invitación para estudiar en grupo. .

Se sienta en su escritorio. Apoya su tapado naranja a la derecha. Su mochila a la izquierda.

En ese mismo momento, el Doctor de la Vega se enoja con su mujer por no tener pañuelos limpios planchados, su hija protesta por las continuas desapariciones de sus hebillas preferidas, su hermano porque no encuentra su lapicera y la Señora de la Vega no encuentra ese par de aros tan nuevos.

Matilde de la Vega saca una hoja. Se la ve temblar.

El miedo la inunda.

Saca del fondo su lapicera y suena su nariz sin mocos en el pañuelo blanco, gira su caramelo de izquierda a derecha, mientras acomoda sus aros y se ata su pelo.


Ahora están todos listos para rendir ese examen.

jueves, junio 15, 2006

Un hombre (en) vano

Emergiendo de entre el sub-mundo de sábanas y mantas y almohadas y salteando el decorado de pañuelos en el piso, él se dirige a su baño y prende la ducha.
Hoy no fue a trabajar. Hoy es sábado y sin embargo la culpa de quedarse en la cama hasta la una lo carcome.
Antes de dormirse escuchó o leyó, en su delirio de fiebre, la tele o un libro o hasta tal vez una mujer al teléfono decir que el arte surge cuando logramos parar la mente.
Y él siempre aspiró al arte.

Sostenía que amar físicamente a una mujer era un arte. Conocer las reacciones, sus arqueos, sus gemidos, conocer cuando acelerar, cuando ir más lento. Eso era un arte para él. Su arte.

Su frase mas redituable en la conquista de mujeres siempre fue: “no entiendo a las mujeres, solo las disfruto, mientras se queden a mi lado”.

Si, jugar a víctima de ellas era un gran estrategia. Tanto que había olvidado que era solo eso y lo creía verdad.

Se metió en la ducha y el vapor lo golpeó cuatro segundos antes que lo hicieran las gotas de agua. La frase seguía sonando en su cabeza y decidió intentarlo. Ahí y ahora.

Y empezó a contemplar un pelo enredado en el jabón. Y trató de callar las voces. Y parar la mente. En contemplación de un pelo atrapado en un jabón rosa fuerte.

Y ese pelo no era de él. Y las voces seguían viniendo. Y el arte no aparecía. Que arte esperaba encontrar?

Después vino la tos y con ella el resto de la rutina de baño.

Cuando fue a apoyar la pava para el agua de su sopa instantánea se dio cuenta de su idea olvidada. Y de ahí en más solo pudo ver su reflejo, su única figura desértica y curva en la pava metálica.

Y desde entonces. No se lo vio más.

lunes, junio 12, 2006

Mi día en General Roca


Cuando me encontré coqueteando con mi compañero de asiento en el ómnibus que me llevaba a Gral. Roca, debí sospechar que era el fin.
Sin embargo mi estoicismo de viajar todo un día para pasar otro día con vos y empezar el año nuevo juntos me nubló la mirada.
Dije: de verdad que lo quiero!.
Cuando me llevaste a pasear por tu ciudad, y como siempre saludabas al mundo entero, pensé que mano fría tenes!. Podría amar a alguien con manos tan frias?
Podría dejar que siempre, siempre me toques con esa mano tan fría?
Tus ojos eran fríos.
Tu familia era fría. Pero ojo, fría de columna vertebral. De tu madre acercándose por ese pasillo oscuro y mi respiración acabándose.
Y sus palabras como dagas. Derecho a la yugular.
Y que mal le caí! Por dios! Y todo porque me reía. Porque trataba de hacer de un año nuevo algo especial.
Porque de repente no me querías hacer el amor por si tu mamá me escuchaba. Y yo lloraba, porque ya sabía que no te quería.
Y lloraba por no quererte y estar atrapada tan al sur. Tan de noche.
Vos tan sin respuesta a mis eternas preguntas.
Y no te animaste cobarde!
No me dijiste no te quiero.
Yo si te lo dije: me parece que no te amo. Me diste un beso y me callaste con tus ojos fríos.
Antes de volverme me inventaste que todo esto era por tu mama. Y su hielo. Y su cáncer.
Tu mama era el cáncer mismo, que de casualidad habitaba en una persona.
Y tu hermana sol. Un sol brillante.
Que si no fuera por ella me iba corriendo a buscar a mi compañero de viaje. A ver si el me daba un poco mas de esa calidez.
A la vuelta, cuando vos volviste me dijiste, nos casamos? Y yo te quise creer.
Pero sabía que ibas a huir. Y seguimos jugando a no notar tus manos frias y mi corazón vacío.
Queríamos querernos.
Lo volví a ver sabes? A mi compañero de viaje.
Y me hizo el amor sabes? Con mucho calor.
Sus manos calientes, su cuerpo caliente.
Y en mitad de la noche me fui. Porque él me hacía el amor y yo le daba sexo.
Porque el resto de amor que quedaba en mi te lo llevaste con tu huida.

Y ahora ya estoy bien sabes? Ya sonrío y tengo el alma con calor. Con pájaros para salir a volar. Con mi amor listo para crecer de vuelta.
Siempre volas vos, me dijiste. Y te dije que si querías venir conmigo que iba sin rumbo.
Y ahí vuelvo a estar. Con las alas planeando un aterrizaje cercano. O no.
Planeo volar por mi día de trabajo. Pasar por arriba de mi jefe, Panamericana y salida.
Hay muchas cosas para ver.
Y vos no.Vos no sabias volar. Y te decían el Pájaro Molina.

Y me decías que la vida no era irónica.

jueves, junio 08, 2006

9 de Junio

Desde que tengo uso de razón, mi cumpleaños es fiesta total y absoluta.
Cuando era chica, desde que amanecía, mis dos hermanos procedían a otorgarme la malteada matutina y era el único día del año en que soportaba sin defenderme sus golpes, tirones de orejas y cantos increíbles.
A viva voz la casa entera entonaba y con desatino, un feliz cumpleaaaaaaaaaaaños, oooooos, uuuuumplas, Maaaaaaangui o símil, todos en su propio ritmo, todos a los gritos.
Cuando lograba salir de la cama, Mamá me esperaba con desayuno rico (esta vez no me obligaba a comerme el yogurt casero para amortizar la compra de papá, no, no!). Me esperaba el jugo de dos naranjas y una mandarina, justo como me gustaba a mi, las tostadas sin quemar, apenas doradas y la manteca sacada de la heladera un rato antes, para que se ablande.
Ese día mama me peinaba, como yo quería, con cintas, colinches, hebillas y lo que se me ocurriera. Y no me discutía.
Me acompañaba hasta la mismísima puerta del colegio. De la mano. Y me dejaba poner mi manito en su bolsillo.
Nada de comer en el colegio. Ese día volvía a comer a casa. Y cuando llegaba estaba ella paradita con un ramo de flores. En invierno pocas opciones, pero eran las margaritas mas alegres de toda la ciudad!
En mi lugar de la mesa, una carta, con flores. Esas las guardo todavía. Mamá sabía dibujar tres cosas: patitos (hechos a partir del numero dos modificados), unas flores que bien podrían pasar por arrobas en estos tiempos que corren y casitas con chimeneas humeantes. Y desplegaba todas sus dotes en ese día.
Me preparaba milanesas con papas fritas, pero cortadas bieen finitas y de postre la torta de quaker, mi preferida.
De vuelta al colegio a por mis lecciones de inglés, pero esta vez ella se quedaba en casa, sorbiendo su café en su vasito. Amargo, sin azúcar y en vasito.
Y de vuelta mas fiestas, encontrar los regalos escondidos, con pistas adentro de los globos por toda la casa.
Creo que mamá disfrutaba más que nosotros armando estos cumpleaños. Y nosotros recibíamos esos mimos hasta el próximo año. Los atesorábamos.

A partir de ahí es que mis cumpleaños son fiestas, ya sin ella para mimarte, pero aprendiendo a mimarme solita. Desde que amanezco con el llamado de alguno de mis hermanos repitiendo el ritual del desafino, hasta que me voy a dormir, siempre con la sonrisa colgando.

Voy por el día a los saltos y nunca, nunca, durante las 24 horas de ese día me olvido que hoy es mi día.
De entre todos los días, ese día que celebro haber nacido. Y que mi vida esta muy buena.

Y le aviso hasta el portero que cumplo años, y recibo los besos con sonrisa amplia y ojos chiquitos de tanta alegría.
Y festejo a cada rato.

Humedad

En días de humedad, he descubierto que además de pegarseme olores, gente pesada y la ropa, se me pegan también los humores.
Voy por el cuarto del día.

Ah y el rulo salvaje de mi corte nuevo, ahora ha sido rebautizado como el afro descontrolado.

Y también me lo banco.

martes, junio 06, 2006

Wandering Spirit



Si yo no fuera yo y hoy no fuera hoy, debería ser el comienzo obligado de un millón de teorías que juntas las podríamos comercializar a razón de 1$ la docena para quien no sepa que escribir en un blog.
Pero..
Si hoy no fuera el día que yo se que es y si no supiera a ciencia cierta de sábanas frias que no hay un hombre en este momento en mi vida, me costaría negar que hoy fue un día en modo enamorada.
Ubicás esos días en que te subís al subte y encontrás poesía en los que viajan?. La mirada perdida de la agotada secretaria que tapa sus ropas de cabildo al fondo, se merece una canción de algún autor con peso, ponele un Bruce Springsteen, o mejor un Gieco para hacerla mas nacionalista. Con un nombre rimbombante como Gertrudis, o quizás solo alguien que le cante a los desahuciados.
El estudiante que trata de levantar a su compañera de CBC con cara llena de granos que no ve la hora que llegue su parada, te arranca sonrisas.
Los rieles del subte complotan tácitamente y hoy, por única vez no chirrian. Hoy no te duelen los dientes.
Esa pausa de la mente, con caída de mandíbula incluída contemplando por una eternidad de diez minutos una fuente que escupe un chorrito de agua que, con la luz atrás, parecen millones de diamantes, al menos cristales, que vuelan y se reciclan una y otra vez. Y si cada diamante hablara…
Y te paras como obnubilada a mirar el cielo-noche de esta ciudad que solía no dormir y querés tener un vestido de ese mismo exacto color azul noche. Y tratas de aislarlo. De llevarlo a la paleta. Solo para olvidarlo dos cuadras adelante cuando ayudás a una viejita a que no se la lleve puesta un rottweiler de algún dueño engreído con complejo de pene corto.


Si hoy no fuera hoy y yo no estuviera tan así, sonreiría.

Cerrar los ojos fuerte fuerte.
Sentir como el deseo se resbala por las pestañas.
Y el corazón se apretuja rogando que esta vez él no se vaya.
Y el quererte bien dure mucho rato.
Cartas documentos desde la ansiedad de ser el elegido, directo a tus testículos.
Y que pasemos navidad los dos juntos de verdad.
Y soplar las velas y decir. Un año más se me escapó.
Y cuantos milímetros de uñas corte en total.
Y cuantas humedades se evaporaron de estas almohadas.
Y el despertar y respirar hondo.


HOY VA A SER UN GRAN DÏA

domingo, junio 04, 2006

Principio de física

Desde que tengo uso de razón he entendido la vida como producto de nuestras acciones.
Cuando yo era chica, si metías el dedo en lo que mama cocinaba, venía el chirlo.
Si tiraba el pelo de mi hermana salía llanto de sus ojos y risa de hermano mayor.
Después todo se fue complicando.
Y ya dejé de entender algunas cosas. Las reacciones fueron cada vez mas entrincadas.
Los otros se complicaron. Yo seguí igualita. Siempre previsible. Siempre transparente.
Pero de un tiempo a esta parte creo tener desculado el tema de las cábalas.
Durante toda mi carrera de Letras rendí absolutamente todos mis finales con la misma ropa interior, escribiendo con la misma birome y tomándome el café previo en el mismo bar de la esquina, contemplando los apuntes sin ser capaz de leerlos. y creí que por eso logré mantener mi brillante promedio 8. O sería que estudiaba María y ella me transmitía osmóticamente su conocimiento? O sería Juan Ignacio que al ser colorado me contagiaba de su suerte? El tema es que seguía la rutina y creía que el resultado se debía en parte a mis muchos ritos.
Hasta que anoche, en un glorioooooso casamiento, obligada por las pocas amigas que saben de mi reciente soltería, fui llevada a la fuerza a la mesa donde estaba la torta y me pusieron una cintita blanca en la mano.
Y claro.. de toooooodas las mujeres desesperadas y toooodas las cintitas, la que se fue a sacar el anillo fui yo.
La que menos ganas de casarse tiene.
Y las furiosas solteras destilando miradas de odio, mientras el caballero que me venia persiguiendo toda la noche miraba, a partir de ese momento distraídamente para otro lugar.
Y ahí entendí. Que las cábalas no existen.
Que solo representan lo que uno quieren que representen. Y así justificamos la buena suerte. O la mala.
Y no es un gran descubrimiento.
Solo volvemos al principio. Las acciones tienen consecuencias.



Solo me gustaría poder predecir-te.

viernes, junio 02, 2006

Hablar con él es como entrar en una espiral ascendente de comodidades. Es como esos días en que el sol calienta pero no agobia y el verdulero te charla del clima y le respondes y preguntas por las frutillas y compras unas cerezas y la charla sigue y cuando te diste cuenta hace veinte minutos que estas en la esquina parada con 7 bolsas opinando sobre la importancia de ser cortés en la vida.
Es llegar a casa, sacarte los zapatos y destapar un vino. E ir haciendo todas estas tareas sin dejar de conversar y conectar.
Y las comunicaciones nunca te salen vomitadas.
Podes hablar de amor, desamor, filosofía de vida y todo siempre en este estado de suspensión. Pero a veces te perdes en el espiral. Sobre todo cuando
él se va.
Casi siempre se va sin avisarte. Mira su reloj y desaparece.
Y ahí te encontrás perdida. A miles de kilómetros de tu punto de partida. De tu zona segura. Y te miras al espejo y te decís: nunca nunca vuelvas a dejar la tierra. Y lo prometes y aseguras tus raíces.. solo hasta el siguiente llamado.
Y salís a charlar con el un ratito y empieza la ascensión.
Y él un día el no viene mas a golpear tus vidrios. Ni a enamorar tus oídos. Ni emocionar tus estados.
Ya no te grita mas: paloma, salí a volar conmigo, si?
Y solo recibís un telegrama de su estado.
Ya no gira. No con vos, no con nadie.
Ya no se sabe remolino.
Ya no se sabe él.
Y vos tan lejos. Y tan sin saber de mi.