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domingo, julio 30, 2006

El Cuarto de Adelante

Al lado de la puerta de entrada, a la derecha, estaba el cuarto que daba a la calle. Cuando yo era chiquitita Padre y Madre dormían ahí. Mi primer recuerdo es como me las arreglaba para escaparme de la siesta con Padre. Madre se quedaba con Juan y Monse que ya eran grandes y no necesitaban dormir su siesta y a mi me mandaban con Padre para que descansara. Lo que no sabían ellos es como roncaba Padre! Imposible conciliar un sueño. Asique me acostaba sobre el acolchado Pallette verde turquesa y esperaba que sus ronquidos se hicieran parejos y continuos y de a poco iba bajando mi humanidad de esa cama que me parecía altísima. Primero apoyar la patita derecha, después la izquierda, abrir la puerta despacito para que no chirrie y correr por el pasillo y ver como mamá cosía las medias con un mate adentro de ellas.

Cuando Madre se iba a hacer las compras Monse y yo nos escapábamos a su cuarto y paradas en frente a su placard gigante disfrutábamos el momento previo a abrir esas puertas que bien podrían haber sido las puertas del cielo. Desplegar esos camisones vaporosos, colgarnos los anillos, collares, ponernos sus zapatos. Y en cuanto aparecía Madre por la puerta encontrarla muerta de risa de nuestras charlas e invitaciones a tomar el té.

Otras veces a la noche entraba en puntas de pie y encontraba a Madre, acostada esperando que llegue Padre para servir la comida, fumando un cigarrillo. Estaba todo oscuro y se veía una lucecita colorada que subía y bajaba. Parecía tan etérea, tan distante. Después de un rato se escuchaba un “Malena, vení a acostarte acá conmigo” y ya todo volvía a ser normal. Mimos en la cabeza y el olor del cigarrillo se tornaba dulce y se desvanecía con mi miedo.

En ese mismo cuarto y en esa misma cama de madera negra y colcha Palette es que la velaron. Ella siempre tan austera, tan no necesito nada de pompas. En que estaría pensando cuando pidió eso? Solo imaginar a Padre teniendo que dormir en esa misma cama después, me da escalofríos.

Volviendo al cuarto. El tiempo pasó, las heridas se curan (o de eso nos convencemos) y Padre encontró un nuevo amor y se casó. El ángel mas bueno que hay en esta tierra. Cuestión, Cris viene a vivir a casa y hubo rotación de cuartos. Monse y yo al Cuarto de Adelante. Las dos camas paralelas y un acolchado nuevo con dibujos verdes y rosas. Y nos quedamos con el placard de ensueño. Como trofeo en cuarto año a la salida del colegio me compré un poster de Kevin Costner en Robin Hood y lo colgué en la puerta del medio, atrás del espejo y todos los días antes de irnos al colegio, con Monse le tirábamos un beso, para que no nos extrañara.. Me acuerdo una noche cuando volví de bailar del Salón Suizo (se armaban unas fiestas increíbles) llegué corriendo al cuarto, la desperté a Monse para contarle que un niño enfundado en buzo negro de Mickey y con un saco cuadrillé arriba (era ultíiiiisima moda) me había pedido ser mi novio, yo le había respondido que sí y en consecuencia había recibido mi primer beso! No se hagan ilusiones, Monse abrió un ojo, masculló un buenísimo y se dio media vuelta para seguir durmiendo. Casi lo mismo que duró mi "noviazgo". Igualmente esa noche poco y nada pude dormir de la emoción. Conte cada una de los dibujitos que tenía la moldura de mi techo.

Cuando volví a vivir en esa casa, unos 5 años después de haberme ido, primero con mi hermano y después con Juani, lo primero que hice fue pedir ese cuarto. Con salida al balcón, paredes que se prolongaban al infinito y pisos que solo emitían ruidos si alguien mas que nosotros, los dueños de casa, caminaban por ellos.

jueves, julio 27, 2006

Mi vida en mi casa I

Si cierro los ojos puedo empezar un recorrido casi sin fallas por la casa en
la que viví la mayor parte de mi vida. Puedo empezar a recorrerla y se me
escapan mil historias.

Cuando yo era chica mi calle, porque la calle entera era mía, era tranquila.
No te digo para cruzar sin mirar pero casi casi. Mi primer contacto real con
el barrio fue un día que al azar Padre preguntó que calle era la otra, la que
se encontraba con Cerviño (la nuestra). Ninguno de los tres supo responder y nos mandó en aventurera expedición a dar una vuelta entera a la manzana. Con Juan a la Cabeza y Monse como escribidora oficial partimos los tres de la mano a anotar calle por calle. Primero Cerviño llegar hasta la esquina y doblar en la farmacia Firpo. Hasta la puerta del Disco de Salguero íbamos bien, pero trampa! Ahí surgía otra calle mas y el debate si anotarla o no. Una plaza en su esquina y un caído cartel que acusaba Juan Francisco Seguí, casi invitando una visita a lo de mi amiga Maggie. De vuelta otra esquina y era Libertador. Viéndolo a los años de distancia estimo que Madre o Padre irían atrás nuestro porque Libertador ahí si que era una calle de alto riesgo. Al menos para mis extremos 80 cm de altura y rulos que impedían la visión total esto era, una expedición al África Salvaje. Me acuerdo apretarle tanto tanto la mano a Monse que ya después me la cambió por la de Juan y calculo que él estoico toleraría mejor mi apretón, o en una de esas, yo estaba mas segura y menos apretadora.
De vuelta por Ruggeri y picada hasta la placita de la esquina.

Llegando a casa se veía la verdulería de la renguita que tuvo que vender el local porque le prestó el auto al hermano y chocó y ella sin seguro, para terminar el recorrido en el portón verde botella que coronaba mi casa.

Mucha fuerza había que hacer para abrirla. Y sus manijas de bronce brillaban anunciando la llegada gloriosa, casi siempre después de una mega carrera dejando alma y vida desde el colegio a casa, lengua afuera, pelos despeinados y mochila colgando de donde fuera. Siempre le ganaba a Monse y es que ella se empeñaba en llevar y traer todos los libros cada día. Por si los necesitaba. Yo en cambio viajaba más ligera y solo con los cuadernos con figuritas de brillantina y el álbum de Frutillitas con su raspá y olé.

Cuando se cerraba la puerta quedabas en el hall a donde detrás de la puerta estaba el cuartito de la basura.

Ahí también estaban las casitas de las cartas.

Volviendo del colegio la rutina era apretar el botón del ascensor con rejas negras y mientras venía (nuestro piso era el último y tercero) ir a espiar si había cartas. Otras épocas en donde las cuentas no eran malas noticias y si había suerte hasta llegaban noticias de mi pen friend de Sudáfrica. Pobre Briggite, no se que será de su vida. Mi entusiasmo por ella cesó después de la cuarta carta en la que ella insistía en preguntarme por indios a caballo y yo le preguntaba que se sentía que a la salida del colegio hubiera un león esperándola. Una vez que nos desilusionamos mutuamente por lo civilizado de nuestras realidades escolares todo acabó.

Una vez cerrada la puerta del ascensor y debiendo esperar la eternidad que demoraba en llegar a casa el divertimento era mirarme en el espejo y hacer caras, hasta atreverme a comerme los mocos si es que no me lo cruzaba a Manolo, mi vecino buen mozo del primer piso que hacía un curso de magia y venía a hacer demostraciones a casa mientras comíamos y sacaba la paloma blanca de entre sus pañuelos. No era un buen mago Manolo, pero nadie se atrevía a decírselo.

Salida del ascensor y posterior esquivada de los sifones que esperaban pacientes que los entráramos de una buena vez, abrir la puerta para encontrar que una vez mas, Madre me esperaba al final del pasillo largo con su café en vasito y amargo y comiendo mandarinas junto a la estufa.

Pavlov

Para el Sr del Mar

Sentada en su sillón de cuerina verde botella, ella busca en vano algún milímetro de piel rodeando las uñas de sus dedos que aún esté dispuesto a prestarse a la tortura de los dientes. Sin ya pellejo que mascar se pone en pie, se acomoda el jean para darse coraje y con un doble golpeteo del taco derecho de su bota da los cinco pasos que la separan de su teléfono.

Levanta el tubo, cierra los ojos y disca finalmente al terminar su suspiro.

-Hola? Soy yo…

-Coco Martinez!!!! Pero que haces hermano! Tanto tiempo sin verte!

-Necesito hablar con vos, ahora ya, cuando me digas, donde me digas. Lo necesito.

-En serio? Nos juntamos todos? Pero como me voy a perder ese encuentro! A las 9 estoy en la parrilla de la esquina del colegio.

-Te amo

-Un abrazo para vos también!

Corrió a su placard y le preguntó que clase de ropa debería ponerse. Si fuera por ella iría desnuda. El nunca se pudo resistir a su cuerpo. Ni en la peor pelea. Ella nunca se pudo resistir a su voz. A sus palabras. Ella creía con ojos cerrados que el algún día la iba a dejar. Y se iban a ir a algún lado exótico a empezar de cero. Elige su ropa interior azul, su remera turquesa, la del escote marcado. Se deja los jeans, y se dirige al baño. Sentada en su inodoro contempla el azulejo color durazno y se excita de tan solo imaginar el encuentro. Agarra su tapado y se sienta en la cama a esperar que sea la hora. Suena el teléfono. Antes de atender sabe que es su madre para invitarla a tomar el té. Y ella lo declinará. No podría tolerar su mirada inquisidora. Decide no atender.

Las horas pasan mientras ella imagina los distintos encuentros posibles. Es una práctica habitual en ella. Imaginar diferentes versiones. Matar el suspenso. Juguetear con el vértigo de las situaciones que nunca sucederán, lleva a los extremos las reacciones de él. Ella siempre se imagina a sí misma muy moderada y calma. Con la palabra justa. Hoy se detiene en una versión que lo ubica a él en una posición amorosa. El rogándole que se vaya con él. Que lo espere en el auto, el sube hace el bolso se despide y siguen su camino juntos. Ella se resiste. Le dice que lo piense bien. En eso suena su celular. Mensajito de texto y un escueto “SALGO PARA ALLA”

Si bien están a media hora de distancia ella agarra su tapado y baja.

Le gusta esperarlo. El frío golpeando su cuerpo hace que cuando se suba al auto excesivamente calefaccionado sea aún más reconfortante.

Cuando la pasa a buscar apenas si le dirige la palabra. Ella mira a través de los vidrios polarizados. Conoce la rutina. Directo al telo, una hora de sexo, ducha y apenas media hora para hablar.

Cuando él sale de la ducha ella le entrega un sobre. Adentro están sus pasajes a Brasil. Ya habían barajado la posibilidad de la escapada.

En cambio él la mira a los ojos y le dice un frío “que te diviertas!” y vuela el pasaje por el aire. Aterriza en la cama.

Ella siente las palabras como puñales asertivos que llegan al corazón y lo destruyen.

Mirando la palmera en impresión gigante que cubre la pared ella se siente igual que cuando a los tres años decidió probar la física y en un trabajo de campo observar los resultados al ingresar las patas de su Barbie dentro del enchufe de la pared del living.

Ese hormigueo violento subiendo por su mano y trepando el brazo hasta terminar en la nuca. Y recuerda como miraba su mano cuando soltó su Barbie. Sus cinco dedos que aún conservaban la atadura a su mano y este a su brazo.

Y también recordó, el impulso que le llevaba, la impelía, la urgía a volver colocar su manita, sobre la Barbie que colgaba, ahora chamuscada, con una sola pata del enchufe de la pared de su living.

lunes, julio 24, 2006

Instrucciones para sobreponerse a un mal trago amoroso.

O… de cómo pasar un fin de semana recuperándote.

Viernes por la tarde o Sábado a la siestita:

Ante todo confirmar la veracidad del mal trago. Así munida de cojones levantar teléfono, elevar correo electrónico o SMS (este es un tanto cobarde para mi gusto), encarar y preguntar, seguro es amargo y sin retorno?

Una vez recibido el sí intuido, proceder a avanzar.

Se aceptará compañía de amigas sí y solo sí sufren de desamor. En caso de que estén en adorable pareja serán automáticamente eliminadas de la convocatoria.

Se deben atravesar las siguientes etapas:

Llorar: esto puede o no estar dependiendo que tan de cerca te toque el mal momento. En caso de sentir la necesidad, nada de refrenar. Cerrar ventanas, hacerse amigo del rollo de cocina y si es viable poner música que acompañe. Recomiendo altamente algo del estilo de Damián Rice (The Blowers story) o algún pianito, fijate la banda de sonido de Amelie, es muuuy pum para abajo. Queremos eso. Sí, si.

Una vez acabada la etapa de llanto (de duración indeterminada dependiento la altura hormonal del calendario), sonar nariz con alma y vida y pasar a etapa dos.

Negar: Mover cabeza de lado a lado, increpar al vacío con dedo dictador y hasta maldecir. Invocar futuras in-erecciones, muertes abruptas bajo el tren o arroces quemados por la eternidad (si se considera necesario hacer una lista en papel y lápiz) y aseverar a pies juntillas que nadie nunca en el mundo valdrá tanto la pena como una misma. Asentir que en este caso es verdad, la culpa es de él y no tuya por las siguientes razones: (acá insertar una lista segunda no muy elaborada al cabo que pronto será pasado...). Llanto nuevamente.

Consuelo: En este momento puede intervenir alguien más feliz que nosotros. Si se tiene amigos varones llamar o dejarse llamar para que nos diga que si somos bellas y buenas. Que deberíamos reconsiderar puntos propios, pero claramente esta noche no es el momento. Exigir algún que otro chiste verde para esbozar sonrisas entre lágrimas.

Borrachera
: Devuelta la soledad absoluta mantenerse lejos de celulares y computadoras. Esto es un acto privado y las consecuencias pueden llegar a ser trágicas en caso de intentar contacto con el cuestionado. Comprar vodka (no deja mal aliento, ni dolor de cabeza) y otros elementos y preparar algo glamoroso como un Cosmopolitan o Caipirinha. Nunca vino. El vino llama a la charla y claramente.. ya no hay nada que hablar. Algo con punch que suba y suba a la cabeza. La borrachera debe ser progresiva y lenta. Hay que ir sintiendo el dolor de las ilusiones desvaneciéndose. Los sueños descomponiéndose en partículas y el alcohol elevándose a la cabeza. Si se recuerdan los dulces ojos del cuestionado, mejor. Cantar a viva voz junto a alguna música de una cantante que la haya pasado casi tan mal como nosotras.

Sueño y traspié: Cuando la borrachera esta en auge poner la canción de Dianna Ross y jurar que SI sobreviviremos. Frente a esta vista y sintiéndote como Bridget Jones, partir hacia la cama con el pijama de años, ositos celestes y agujeros pero tan cómodo que dan ganas de dormir con promesas de un mañana mejor. Acomodar la almohada al costado y abrazarla y si queda alguna lágrima liberarla, ella nos consuela.

Domingo

Compra compulsiva: Después de un largo amanecer y habiendo pasado por una reparadora ducha y gran café en estómago, se parte al chopin mas cercano. Solo se debe elegir objetos que contengan belleza. Absoluta y pura. El uso o utilización del mismo en nuestras vidas no debe ser un punto a considerar en lo más mínimo. De eso nos encargaremos en días venideros.

Reconsideración: En almuerzo social reveer nuestras propias fallas y encontrar todos los puntos rescatables del cuestionado (si nosotras lo elegimos en primer lugar, no puede estar tan mal). Entender (dentro de lo posible) el porqué no fue. Volver a encontrar el centro. Aclarar la garganta. Aprender de los errores. Sonreír tímidamente al día, como pidiendo permiso y ver que cara te devuelve.

Propuesta a futuro: Rescatarse de futuras reincidencias. Jurar abstenernos del sexo opuesto por al menos tres meses. Sonreír recordándolo, dejar escapar una sonrisa triste y considerar seriamente empezar a ser su amiga (sólo si realmente valía la pena y si es que no hay dobles intenciones ocultas). Prepararse para brillar el Lunes (baño de crema, uñas pintadas y flamante inscripción en el gimnasio mas cercano).

Dormirse sabiendo que esto está pasando y que si sobrevivimos a tantos, esto, no nos va a detener.

viernes, julio 21, 2006

Jueves

Caro avisa que llega a su casa a las menos cuarto y entonces decido pasar por los chinos de ahí al lado y comprar para hacer un picnic de emergencia.

Me siento en el escalón de su cuadra y veo los autos pasar. Mientras tanto disfruto de esta alienación tan pertinente.

Recuerdo mis batallas del día, algunas ganadas, otras perdidas.

Llegan las dos juntas, se encontraron en la esquina.

Cande se apodera de la cocina de Caro y prepara sus ñoquis de sémola mientras yo desfallezco en el sillón del monoambiente.

Apenas atino a abrir una botella de vino y relajar.

El día me supera. Mis rutinas me superan.

Las escucho hablar.

Opinamos de la nota del Domingo de Caro y del loco de Belgrano. Demasiado conveniente para nuestro gusto que frente al inminente cacerolazo aparezca un posible candidato. Y todo con las elecciones a la vuelta de la esquina.

Pasamos a las desavenencias de tener tu casa en obra.

Comento que voy a pintar mi casa y no estoy tan segura de querer repetir mi pared naranja.

Después de eso flotamos por temas varios.

El casamiento del sábado, El arquitecto de cande. Mis ganas del viaje a Brasil.

Caro esta cansada. Cande siempre pensando en positivo. No es la despedida del monoambiente, es el comienzo de la casa de Caro y el Chu.

Los dos juntos. Me gusta que Caro no tenga miedo.

Cande no tiene miedo.

La reunión del próximo martes me da miedo. Los cambios siempre me hacen esto.

Dejar mi terreno seguro para crecer en otro lado.

Volver a ser energía y no ladrona de sueldos.

Sacarme lo negativo de encima me da miedo. Lo charlamos. Hoy solo me escuchan. Saben que no pueden opinar. Que solo fue un monólogo.

Hoy soy vulnerable.

En la despedida me olvido de saludar a Cande por el afán de subirme al taxi sin que me pisen.

Cande se da cuenta de esto y me llama para decirme que todo va a estar bien.
Ella no lo sabe pero eso me hace muy bien al alma.

Sobre la calle Santa Fe y por el tiempo que dura el semáforo veo sentado en la puerta de un Citrybank a un señor que eligió no tener casa y vivir en la calle. Elijo creer que es su elección. El señor decide jugar con su pene y exponerlo a la calida noche. Las tres adolescentes que pasan al lado de él con sus pelos impecables ni siquiera lo notan.

El señor empieza a masajearse con mayor énfasis y la luz cambia y yo le doy su privacidad.

Cuando paso por el quiosco a comprar mis Luckys el kioskero que me ha visto en mis mejores días de esplendor y hasta en pijama me sonríe y me dice, “casi feliz día”. Con lo que me queda de aliento sonrío y entrego mis cinco pesos.

Llego a casa y tengo un mensaje en el teléfono en cuatro partes. Es Juani. Diciendo que soy su mejor amiga en el mundo y que no deje que nadie me diga lo contrario.
Encontró una billetera con el teléfono de la casa que compartíamos anotadito. El papel sostiene, casi ni se lee.

Y nuestra amistad si se lee.

El en Nueva York y yo en Buenos Aires.

Mis ojos se acaban de enterar que estoy triste y deciden acompañar el estado.

miércoles, julio 19, 2006

Mi lado mas felino


Pasa que después del post anterior poner esta foto...
mmm...
pero de verdad celebro haber encontrado la belleza nuevamente.
Y esta vez fue con mis ojos...

lunes, julio 17, 2006

Mis rituales

Primero jugar con el aro. Sentirlo entre mis dedos.. marcarte mi parte preferida de mi cuerpo. Mis orejas y mi cuello. Dirigir tu mirada a ese foco. Quizás en el camino jugar con mi pelo. Sacar y poner el aro. Es casi una costumbre.

Segundo agarrar un cigarrillo. Darte esos 5 segundos con el cigarrillo en la mano a ver si lo encendés vos. Desplegar mi feminidad a pleno. Ensayar poses que estimo glamorosas. Cuando se acaba separar las brasas del filtro. Apagar hasta el último chispazo para que no humee. Tercero jugar con las cenizas. Llevarlas a un costado. Dibujar círculos. Abandonar el filtro apagado a un costado.

Revolver el café con la cuchara. Tomarme la espuma en cucharita. Dejar la cuchara en mi boca dos segundos más, hasta que llegue tu mirada. Sonreírte.

Mantener mi mente ágil para estar a tu nivel. Responder con mis verdades a tus preguntas.

Y al cabo que te merecías este post.

domingo, julio 16, 2006

Sentado en el auto sin ponerlo en marcha, Rafael pensaba “hasta cuando?”.

Tenía esporádicos encuentros con su alma en donde se sacaba sus máscaras y se decía sus verdades. Tanta soledad no permitía que alguien más llegara tan profundo. Claro soledad de las de fondo, porque su trabajo de atención al cliente pocas veces le dejaba momentos sin gente alrededor.

El bendito teléfono y la billetera en el bolsillo trasero le molestaba.

Por un rato volvió a su lugar seguro. Ese que él imaginaba cuando cerraba los ojos y se iba a un acantilado que el imaginába en Irlanda. Pasto verde y alto, el mar gris color del acero estallando contra la roca y a lo lejos una mujer esperándolo.

Y el momento del encuentro que no llegaba.

Eternamente los dos caminando hasta un punto de encuentro pero el mismo parecía de fuga. Caminaba y la distancia permanecía. Podía intuir a esa mujer. Vestida de blanco y con el pelo negro al viento. La sabía sexual. Podía anticipar sus manos en sus senos. Sabía lo que le ocurriría si la tocaba. Pero ese momento no llegaba. Podría permanecer en vano horas intentando acercarse. Y el resultado era el mismo. La misma eterna distancia entre los dos.

Rafael se cansa de caminar. Así como Rafael se cansa de atender el teléfono. Mira resignado el reloj de la consola de su auto y decide por un breve instante encenderlo y manejar lejos, huir.

Llega a la esquina, pisa el acelerador y lo mas increíble sucede.

Mientras carga el bidón de nafta en la estación de servicio saca su celular y llama a su mujer.

“Lo estuve pensando”, murmura. “Este año, mejor llevemos a los chicos a las sierras y no al mar”.

viernes, julio 07, 2006

Mi amigo Maxi

(a ver si se entiende de que clase de rulo salvaje hablamos eh...?)
maxi says:
jaja
sin indagar
me he topado
con tu rulo mas complicado
este en el que estas esta bueno.... de ultima

martes, julio 04, 2006

Mis noches de Penélope

Que hacer cuando se te corta la luz?

Llego a casa anoche cansada, pegoteada, con el rulo incontenible y encuentro la agradabilísima noticia que mi hogar, no posee luz y así quedaremos hasta el día siguiente.
Ventajas de vivir sola y tener poca onda con la cocinada para mi sola, mi heladera solo guarda resabios de alcohol, algún otro queso y el limón. Infaltabilisimo limón. Nada de que preocuparme ante la posible visita de la sra descomposición.

Prendo velas que han sido estratégicamente colocadas para generar otro ambiente que no es este. Siempre para dos, nunca para cocinar y resigno.
Si tuviera mas plata que la que cuentan mis bolsillos huiría al cine, a comer o tal. Pero este mes hubo mucho gasto y modero.
Levanto el teléfono me pongo al día con dos amigas y entiendo… que por algo nunca consumo los minutos libres de mi celular. Odio hablar por teléfono. Necesito los ojos y la cara.
Que hacer? Tejer.
Como toda niña que fue educada en mi época, en la primaria nos enseñaron a entretenernos en caso que nos casáramos y no trabajáramos.
De ahí que se bordar, tejer, armar costureros, coser muñecos de peluche… se hacer una cajita con solo palitos de helado!!!! Uno de estos días voy a poder usar tamaña virtud en algo.. esténse atentos…
De todas, la que uso asiduamente es tejer. Me relaja. Me lleva a lugares donde nunca voy. Y mas en noches como la de anoche. En donde no podía ver tele y tejer, escuchar música y tejer.
Éramos las agujas, la lana y yo.
Y claro.. los pensamientos…
Y una copa de vino.
Y esto de tejer bufandas con onda para alguien más, tiene su encanto y acá viene mi costado mas romántico, aprovechen a espiar porque no sé cuando va a volver a salir.
Cuando miro como avanza el tejido me acuerdo las cosas que pensaba mientras tanto. Si esta el tejido mas apretadito era algo que me da bronca. Si esta mas suelto es porque para adentro me reía conmigo. Y así, como el pensamiento, se van enlazando las lanas, y el naranja pasa a marrón y a verde, y así evoluciona algo que quizás algún día prevenga a alguien de un resfrío.
Y eso está bueno.
Porque no hay que andar por la vida sin bufandas. No hay que andar por la vida sin alguien que te haga acordar de usar bufandas. Ponele el nombre que quieras.
Pero que te cuide, así. A la distancia.Y convengamos que cualquiera puede entrar a Bensimon y comprar una bufanda de colores, hiper fashion. Pero nunca nunca, va a tener pensamientos entretejidos. Ni habrás sido invocado/a mientras la tejían.

lunes, julio 03, 2006

Mi casa



Hay días para doler.
Para revolcarte y doler a entraña viva… cualquier dolor.
Casi siempre sale en un.. ponele, sábado, o peor! domingo a la tarde de dolor.
Y después hay días para inmunizar. Para contemplar la vida desde el otro lado de la pecera.
Viéndolos pasar. A ellos que si sienten cosas. Y vos nada. Guardada al borde del abismo. Segura.
Vacía.
Hay noches para reír. Casi nunca días, sale más de noche la risa.

Hay camas para amar, mesas para amar. Algún sillón. Pero casi nunca un baño para amar.
El baño es limpio, el amor no.

Hay puertas para partir y algunos se escapan por la ventana. Y a veces, abro puertas y ventanas para que entre el amor.