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jueves, agosto 31, 2006

El Porvenir

El casco de la casa de Guanaco (Estación abandonada de San Bernardo, Partido de Buenos Aires) era una letra U.
Empezó siendo en L, pero a medida que iban naciendo uno a uno los 13 hijos de mi abuela fue necesario ir agregando cuartos, porque tampoco es cuestión de andar apirronándolos a todos y que las mujeres por un lado y los hombres por otro que en una de esas se amotinan todos juntos y quien los frena.

Era una casa bajita, de una sola planta y color Bordeaux. Las marcas de la hacienda estaban grabadas en yeso blanco arriba de todo. Antes de entrar a la casa el camino marcado por años y años de carretas y autos, te de dejaba mirando al aljibe que nos proveía de sorpresas. Color Bordeaux también y de reja negra, proveía en sus comienzos de agua y después de aventura. Cada vez que lográbamos (primaje unido) levantar el balde, aparecía un ser distinto.
Al lado del aljibe un árbol que no recuerdo su especie pero que era anchísimo en la base, todo el año con hojas verde profundo y alto hasta el infinito. Las hojas empezaban desde abajo y yo chocha porque entraba parada y todos doblados. Es que nunca me destaqué por mi altura. Me decían peludito embarrado y no era por mi caparazón. Chiquita y escurridiza les ganaba a todos corriendo. Y eso en el campo es una habilidad casi de supervivencia.
Entrando tenías, como no podía ser de otra manera, el living con estufa a leña. Mis abuelos eran todo menos ostentosos asique estamos hablando de un living con dos sillones, "mucha gente poca sillas" se lo oía gritar a mi tío mientras desaparecía en el escritorio. En el living, las monturas "de paquetear" que nadie usaba y las semillas de mi tía que plantaba y plantaba para tener un jardín de lo mas lindo y envidiado por la sociedad de damas de Pehuajó.
Yo claro que conocí el campo sin mis abuelos. Esa casa “fue” de muchos, todos de apellido como el de mi Madre.
Para llegar a nuestro cuarto tenias que pasar por otros siete. Pero no había pasillo asique ibas pasando cuarto por cuarto, puerta por puerta hasta llegar a donde tenías que ir. Ni hablar de despertarte en la mitad de la noche con ganas de ir al baño! Tenías que desandar lo andado y despertar a media familia!
Pero lo que más me acuerdo de todo eran las fiestas. Claro con 13 familias y 58 primos (y creciendo y creciendo porque por año estadísticamente hay 5 nacimientos y ni hablar de los gemelos que están apareciendo ahora, vamos por el 5to par) esto era muy seguido.
De muy chiquitita me acuerdo los domingos de carreras. Uno de mis tíos corría en alguna formula de Pehuajó y volvía muchas veces vencedor y eso ameritaba asados a las brasas, con animales crucificados. En estos asados - fiestas todo era posible. El reinado del caos era absoluto. Perdías posesión de tu cuarto tu ropa tu todo. Eso si. Nunca entregarás tu cuchillo.
Uno era realmente un miembro de la familia, y ya no un niño ignorado, el día que te regalaban tu cuchillo. El mío era sencillito. Hoja árbol para niños, trenzado de cuero de potrillo, funda de cuero. A medida que crecías lo ibas cambiando por modelos mas ostentosos. El sumum aspiracional era el todo de plata. El cuchillo se DEBE llevar enganchado de la bombacha marca pampero, beigecita, nada muy glamoroso. Alpargatas negras, remera blanca y dos trenzas (esto era con fines exclusivos de contención de rulo). Toda variación implicaba una acusación de porteña papamoscas y no querías que te dijeran eso. No, no.
Cuestión que estos Domingos de celebraciones que podían ser de cumpleaños, casamientos, bautismos, comuniones, o sólo por el afán de reunirnos, consistían en asado con ensaladas, postres que aparecían mágicamente, tinto y mate.
Como a las 4 de la tarde en días de invierno cuando el sol ya se iba cansando de esperar ahí arriba, se armaba la guitarreada.
Cantores sobraban y guitarras también.
Empiezo a sospechar que el kit completo de la F100 que circulaba tanto por los campos argentinos incluía una cantidad ilimitada de yerba, boina negra o colorada, guitarra y un perro que ladra.
Tenía un par de primos de mas lejos que solían venir con bombo y todo y esas, esas sí que eran verdaderas guitarreadas.
Fogón y corro, todos arrimados con mantas a cantar a viva voz. Claro que en mi familia los cantores eran los hombres y a mi, como pequeño chichón del piso que era, me quedaba la tarea de sentarme frente a un termo y cebar un mate que nunca llegaba a probar. Eso sí. Contemplar la magia de un montón de voces emitiendo sonidos dolientes invocando chinas desairadoras, coplas a la dama Juana, la soledad del arriero y demás.
El vino nunca dejaba de correr para mantener las gargantas tibias y mis ojos cerrándose arrullados por esas músicas hasta aparecer mágicamente en mi cama, con pijama y Madre que pasaba su mano huesuda por mi frente e insistía en que durmiera… Que mañana a las 5 había que ayudar a arriar las vacas para ordeñar.

Pieles

Salgo de la ducha y cuando estoy absorta en la encremada me doy cuenta:
Me estoy pelando.
A pesar del Protector 41 y las eternas sobadas de piel, lo inevitable sucede.
Será el fin de semana de deshidratación y suero. Será que se acabó lo que se daba.
Será que es hora de ser yo.

El empeine de mi pie decide liberar células muertas y revelar lo oculto.

No es una peladura violenta, de esas que exponen rosedades y pieles vivas. Es más como si me hubiera bañado en VopolipigopomapaDonJosé y ahora de tanto frote que te frote se levanta el plastificado. Piel transparente, revelando una versión levemente mas clara de mi misma.

Me da tristeza.
Soy triste.
Estoy triste.
Vivo triste y siento que muero.

Se me acaba el verano en la piel y nace el invierno de entraña.

Siento pasar un fardo seco por mis calles de arterias. Lo miro de cerca y parece un cristal de nieve. Pero gira por mi aorta y sube derecho a mi cerebro.
Y se clava el invierno. Se lo ve aferrado con uñas y dientes. Sonrisa irónica de triunfo.
Veni Vidi Vinci.
Apago la música y me escucho. Por ahora el corazón se empeña en latir y me doy cuenta que es lo único que le puedo pedir. Que siga latiendo. A secas. Muerto. Pero latiendo. Ocultando su necrosis.
Sigo encremando. Sospecho lo sabido y me sé inútil. La muerte me cubre por dentro y por fuera.

lunes, agosto 28, 2006

Manifiesto

Cosas que todo el mundo debería saber de mi antes de hablarme:

(y con esto nos ahorramos tantos pasos)

Soy Inteligente, Carnal, Sensible, Impredecible, Extremadamente Tierna y Extremadamente Perra.
Trabajo en ventas, asique sé como dorarte la píldora. Estudié Letras asique sé comunicarme efectivamente. Y soy Maestra y eso me llenó de Paciencia.
Fui criada por mi madre, asique soy también y por lo general, incapaz de mentirte.
Amo y odio a mi familia con variaciones no sujetas a periodicidad.
Mis amigas/os son todo para mi.
Cuando te quiero te defiendo con capa y espada en días de sol y de lluvia también. Aunque a veces debería defenderte de mi misma.
Estoy llena de ideas maravillosas que no tengo la mas mínima intención de cumplir.
Sin personas, ni música soy incapaz de encontrar el oxígeno del día.
Soy brillante para muchas cosas y absolutamente inútil de cumplir otras bastante básicas como cambiar una lamparita.
Si me das un cubo mágico olvidate que te hable hasta que tenga al menos 2 lados completos.
Si no leo antes de dormirme tengo pesadillas. Y a veces aún leyendo las tengo y lo peor… las actúo.
Ronco.
Doy buenos besos.
Fumo. Me gusta el Buen vino y la caipirinha.
Me encanta bailar en mi casa. Soy muy buena bailando lentos. Y bailando Hip Hop también.
Detesto firmemente a Ricky Martin, Arjona, Luis Miguel y allegados. En cambio sueño con una buena charla con Sabina, o si no hubiera llegado tarde, con Cortazar.
Soy básica y laberíntica.
Mis ojos me delatan porque siempre hablan por mi.
A veces me doy demasiada rosca con mis planteos y me pierdo. Pero increíblemente siempre me encuentro.
Si me peinás el pelo, podes lograr de mi casi cualquier cosa. Tampoco tanto.
Defiendo la belleza sin parámetros artísticos casi tanto como las sensibilidades.
Hay arte en todos lados, solo hay ojos más preparados para encontrarla. Yo creo en el Glamour y la belleza como principio regidor.

Soy casi todo menos aburrida.

Y al mismo tiempo también soy nada.

miércoles, agosto 23, 2006

Mis noches sin vos.

Cuando cierro los ojos puedo hacer una reconstrucción casi sin fallas del encuentro.
De esa vez en que nuestras corporales torpezas decidieron dejarnos e hicimos ballet juntos. De esa vez en que nos vimos y nos dejamos afuera de la puerta. Para ser nosotros dos. Los que los dos sabemos ser.
Reconocer las paredes. Nuestros cuerpos acercándose por fin, sin ropa. Reconocernos y sabernos sabidos. Hasta la médula. Hasta el orgasmo.
Sentir tus manos en mi espalda mientras me llevan a la cama. Mi espalda se entrega y confía en tu abrazo. Las sabanas en mi cuerpo. Tu lengua en mi boca.
Tus ojos negros mirando a mis ojos verdes de felicidad.
Tu voz que no pronuncia y los cuerpos que si.
Tus manos recorriendo cada milímetro de mi torso. Mi piel reaccionando a tus yemas. Tu palma estacionando por un minuto sobre mi panza. Un espacio que parece haberte esperado por años.
Oirte decir esas cursilerías que no le permitiría a nadie mas en este mundo.
Responder a tu “Te amo” con lo que me queda de conciencia y decir, una vez más “Yo más”
Cerrar los ojos en ese instante de dolor y placer. Sentirte adentro. Abrazarte con mis paredes. Hacerte saber que estoy ahí. Que esto es la felicidad. Clavarte las uñas en la espalda mientras el aliento se me va de la boca y llego a la contracción involuntaria de músculos y grito.
Y sentir tu descarga adentro mío y tu peso entre mis piernas.
Todo ese contacto de cuerpos sudados, cuerpos en lucha por horas, días, vidas. Finalmente encontrados y saciados. Solo por un instante. Hasta que volvamos a empezar en esta guerra animal.
Y así me quedo de ojos cerrados y digo basta!Y me doy vuelta y me dejo ir al otro lado. Donde ya no recuerdo que esto no sucedió. Al menos no todavía. Y donde esta dulce angustia ya no tiene lugar

lunes, agosto 14, 2006

Histerias Femeninas II

Ella y él llevan casados más de 7 anios.

Ella se enferma al menos 5 veces por Invierno y 2 en verano.
El sale corriendo a comprarle sus remedios, pero la mira de costado sospechando que no es enfermedad de verdad sino un mero llamado de atención. Por las dudas no le dice nada.

Ella en el fondo, no se banca que él esté tan enamorado y se pregunta:
Cuando será el día que los hombres se den cuenta que a las mujeres nos gusta mas, mucho más un hombre que no se muestre enamorado?

Mientras tanto ella canaliza la atracción de lo prohibido fumando escondida en el banio un cigarrillo antes de acostarse

viernes, agosto 11, 2006

Ausencia

Es un hecho. En un par de horas parto a Brasil con destino a praia da pipa.
A nadar con golfinhos.
Y beber caipirinhas.

No volveré por estos lares hasta el Lunes 21.

Mientras tanto pueden entretenerse visitando este otro blog.

Besinhos!

miércoles, agosto 09, 2006

Viernes

Bueno, se que mi blog esta feo.
Descuidado.
Que no me refleja ni un poquito.
Pero de verdad.. lo único que puedo pensar es que el Sábado voy a estar aca:


lunes, agosto 07, 2006


Claramente me cuestan los lunes. Hoy todo confluye para que se mueva lento. Mi casa estaba maravillosamente calefaccionada y en mi cabeza solo cruzaba un pensamiento cual cartel de infotrans: Que bueno que estoy calentita y decidiendo que me pongo con todo el tiempo del mundo. No suelo ser así de agradecida. Pero hoy me pegó así. Mucha gente muriéndose de frío y siento en mi patio exagerador de lluvias que se largo y vuelvo a estar contenta. Por no tener frío y tener tiempo para regodearme.
Hoy es un Lunes para el abrazo. Llego a mi escritorio y azarosamente elijo a Sixpence None the Richer para que suene y ahí llega
Esa bendita sensación de abrazo:

Ella canta:

so when you break my arms, I'll take hold of you. I know your heart is a hand that takes hold of me*

Y eso es lo que este lunes necesita. Telas que te acaricien y acompañene tus movimientos. Un buen abrazo que te corte la respiracion, te llene la nariz con ricos olores, cerrar los ojos y suspender los pensamientos. Esa charla de cuerpo a cuerpo.
Y saber que tu corazón es una mano que me envuelve.







* Así es que cuando quebrás en mis brazos, yo te abarcaré. Yo se que tu corazón es una mano que me envuelve.

viernes, agosto 04, 2006

El Escritorio

Justo al ladito del cuarto de adelante estaba el escritorio. No tendría mas que un metro y medio de ancho por dos de largo. De verdad pequeño. Era un espacio ganado al pasillo y sin embargo, en muchas veces un punto crítico del funcionamiento de la casa.

Del escritorio mi primer registro importante fue cuando nos pusieron el teléfono. Era un aparato grande, mitad gris mitad beige clarito, algo así como una guía de páginas amarillas (valga la redundancia). La línea la compartíamos con mi tío y su familia que vivían en J. F. Seguí, apenas a dos cuadras. Además del disco pesadísimo, tenía una palanquita que si llamaban para ellos, solo tenías que bajarla y colgar y les sonaba en la casa de ellos. Magia. De verdad!. Este teléfono estaba sobre un escritorio que todavía conservamos en el campo. Un escritorio que papá encontró (vaya a saber donde) todo pintado con laca negra y que el se tomó el trabajo de pulir. Centímetro a centímetro. Era su orgullo. Tenía unas patas anchas como de león y un tallado en los bordes sobre el que jugábamos a pasar los dedos mientras hablábamos cosas muy importantes. Esto era claro, cuando éramos grandes y teníamos cosas más importantes que hablar. Ponele, que vestido te ponías para la fiesta del sábado y tal.

Solo había lugar para el escritorio y una silla. Con variaciones dos de posiciones: Pies en el suelo y patitas 4 de la silla en el piso también, o pies en el escritorio y patitas 2 en el aire. Ni hablar de los porrazos relatados que costaron magulladuras al orgullo.

Nunca me destaqué por mi altura y claramente la casa estaba pensada para gente con mejor desarrollo genético que el mío. Para llegar a la ventana tenía que ponerme en puntitas de pie. Porque nada mejor que hablar por teléfono mirando por la ventana. Convengamos…

No hubo grandes eventos relacionados en este espacio mas que la recepción de llamadas de este gran teléfono y otros que le siguieron, excepto cuando a mi retorno al hogar había decidido ser una chica.com y desarrollaba los contenidos de tres paginas web, de las cuales sigue viva una sola y solo porque el World Wide Web es very Wide y alcanza para todos.

De las llamadas importantes que me acuerdo, la primera (en orden cronológico exclusivamente) fue una vez que llamó algo así como un pedófilo o así lo recuerda mi endeble memoria. Tendría apenas 5 años y sonó la mole gris, como siempre perdía en la guerra por quien atendía (cuestiones netamente logísticas, yo habitaba la luna o al menos un universo paralelo porque de llegar antes que mis hermano, ni soñar!) esta vez aproveché que no estaban los mayores y corrí a atender. Todo para escuchar del otro lado a un señor que me preguntaba cosas y ofrecía caramelos virtuales a cambio de información sobre mis ropas. Sospechando que algo no estaba bien, deje al señor hablando solo y fui a buscar a Madre y creo que algo en mis preguntas me delató porque fue corriendo a levantar el tubo para encontrarse con una sonora colgada avergonzada del otro lado. Uds no querían hacer enojar a Madre, no, no.

Resultado: prohibida la atendida de teléfono por al menos dos o tres años.

La segunda que recuerdo era del novio que mencioné antes. El muy santo fue a tener por apellido Morrone. Y no solo eso, sino que cuando llamó para reclamar sus derechos sobre mí, su novia, lo fue a atender mi celoso hermano. Pobre varón! después de someterlo a un cuestionario digno de la CIA sobre sus intenciones, apellido, colegio, edad, ocupación de los padres y tal y habiendo tolerado todo estoicamente fue a ganar de premio un grito pelado invocándome “Maaaaaaaaaaaaaaaaanguiiiiiii, te llama Pepitito Morrone!!! Dice que es tu novio!”

Para vergüenza mía, horror de mis padres y humillación del galán paciente, no me quedó otra que hacerme cargo y entablar la peor conversación de mi vida, claro, con toda la familia monitoreando las palabras. Ahora va quedando claro porque duró poco el noviazgo no?

La última que recuerdo es también de mi retorno a mis veinticinco, cuando sonó el teléfono y concerté la fecha para la escritura de esta, mi actual casa, dos días mas tarde.

Sabía que era el fin de una etapa y no pude contener mis lágrimas de Magdalena, cuando por última vez acariciaba con mis dedos el reborde de ese escritorio tallado que tantas cosas ha escuchado, y pocas seguirá escuchando ahora. Quizás extrañando manitas que lo acaricien, mientras se toman grandes decisiones, que vamos, siempre son cerca de un escritorio.