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domingo, octubre 29, 2006

My hands, there are my own




Mis manos tienen memoria. Ellas saben que llave agarrar cuando entro al edificio y cuando llego a mi casa cambian a la mas chiquita.
Si me abren la puerta se quedan desilusionadas por no poder realizar el movimiento conocido. Siguen sosteniendo vanamente a la llave que ya no abre esa puerta.
Mis manos también te recuerdan. Pueden dibujar exacto el contorno de tu brazo.
Se acuerdan con dolor de la sensación de tu piel bajo sus yemas.
Saben de las reacciones que te causaban. Saben despertarte emociones. Saben de secarte lágrimas. Ellas no lo olvidan. Mis manos un día te pegaron. Solo para transmitirte mi desesperación de perderte. Vos no lo entendiste. Mis manos me secaron mis lagrimas cuando finalmente te fuiste y juraron venganza.
Hoy me hablaron mis manos. Mientras me acariciaban la cicatriz me contaban del accidente. De la tensión muscular cuando previeron el fin. De la carne desgarrándose. Del vidrio entrando en la piel y en el músculo. De cómo ayudaron a sanar esa herida
Yo ya no toco como antes. Ahora son manos sabias. Saben de cuerpos ajenos. Saben de mi cuerpo. Tocan como mi cuerpo les dice que les gusta ser tocado. En esos días intentan ser maestras en territorios ajenos, conquistadoras de inhóspitas masas corporales.
Saben también de mi placer. De mis curvas. A veces viajan solas. Sin mi permiso y quieren imitarte. Como si todavía estuvieras acá.

miércoles, octubre 18, 2006

Pesce




Yo me fui a Mar del Plata el fin de semana. Y me compré un cuaderno para seguir escribiendo. Casualmente en la tapa tenía dos delfines (la selección estuvo a cargo de la empleada).

Estaba tomando sol y vino el mar y se lo llevo. Al cuaderno.

Después me lo devolvió porque lo corrí. Pero ya no tenía delfines en la tapa.

Como dice Willy:

"Que dios reparta suertes y los pescados vuelvan al mar"

miércoles, octubre 11, 2006

Trasfondo de un encuentro

Juan Ignacio siempre se consideró un lady’s men. Hijo de padres separados, desde chiquito aprendió a manejar las culpas ajenas para conseguir lo que quería.
Cuando su padre decidió fugarse con la secretaria del Victoria’s College que regenteaba, en lugar de quedarse con él, su hermano y su madre, él no lo vivió como un momento triste, sino que se refugió en la literatura, donde todo era como estaba escrito y pocas sorpresas podría encontrar. Si algo no salía como el quería, simplemente cerraba el libro y fin de la historia.
A medida que pasaban sus años aprendió a cultivar el gusto por los límites de la vida. A manipular mentes y voluntades ajenas.
Empezó a leer a Nietzche, Artaud y hasta creyó comprender el existencialismo. En vez de oscurecer su mente, una vez más aprendió a utilizar estos pensamientos para su beneficio. Desconcertaba a profesores que quedaban anonadados frente a sus planteos cuando le preguntaban porque había respondido una prueba de química con un escueto “Preferiría no hacerlo. Si lo dijo Bartleby, es válido para mi”
Juan Ignacio hoy se sienta a tomar un café con una ex compañera de la facultad. Parecería que se sienta consigo mismo. Como siempre pasa.
Cuando la vio en la calle no la pudo reconocer. Fue ella quien lo llamó por su nombre. Casi no quedaban registros de esa mujer alocada a la que, solo por capricho y por sentir una vez mas su poder, había hecho besar con su novia del momento. La noche había empezado con mucho alcohol y otras sustancias y había terminado justo donde él quería.
Ahora cuando la veía sonriendo frente a él mientras sus dos hijos lo miraban extrañados no pudo dejar de preguntarle, en que momento se había resignado frente a la vida de esa manera.
La pobre marioneta de sus deseos siguió sonriendo y lo invitó a subir a tomar un café a su casa con vista a Plaza Francia mientras entregaba a sus niños felices a la paraguaya que los cuidaba. Todos los días de 8 a 6.
Ella no dejó pasar su pregunta y le contó como fue su tibia evolución desde que habían terminado la carrera, le recordó su origen de clase alta y lo mucho que tuvo que luchar para ser incluída en los círculos latentes de Puan. Una vez rendida su última materia se había abocado a encontrarse y se había reconocido más burguesa de lo que creía.
Entonces cuando Esteban (su marido desde hacía 7 años) la había levantado en un happy hour en un bar chic de la calle 25 de Mayo ella había sentido que ese era el camino más fácil para seguir.
Ella, hasta ese momento no había tenido caminos fáciles en la vida.
Desde entonces habían viajado a los 5 continentes, disfrutado de las buenas cosas de la vida, hasta que finalmente habían llegado los hijos. A partir de ese momento su vida tenía sentido.
Juan Ignacio la dejó hablar sin creer una palabra de lo que le decía y sin poder sacar de su cabeza la imagen de ella besando a otra mujer. Pensó en decirle que desde esa noche él solo la deseaba a ella, pero pensó “para que?”
Entonces supo que se estaba poniendo viejo.
Para mitigar sus pensamientos se dedicó a hablar de si mismo. Su ocupación preferida desde siempre. Hizo un breve raconto de su biografía por los últimos diez años mencionando muy por arriba sus muchas publicaciones y que ahora estaba viviendo con una tremenda colorada diez años menor. Este hecho era igual de importante que el hecho de ser un periodista con nombre.
Del otro lado solo encontró un bostezo y una excusa sobre la tos del mas chiquito que no la dejaba dormir. El solo pudo percibir lo aburrido de su vida.
Se disponía a agarrar su campera de cuero negra para partir, cuando la escuchó llorar. Se dio vuelta y efectivamente esa (aún) tremenda mujer se encontraba sumergida en un mar de lágrimas. Solo atinó a decir “seguís igual de loca” solo para contener su urgencia por cogérsela en ese sillón, ahí y en ese momento.
Ella respondió “vos seguís siendo un hijo de puta”
El acarició el contorno de su boca y se llevó a la salida del departamento sabiendo que nunca más la vería.
A esa, que podía ser su vida también.

lunes, octubre 09, 2006

Cuestión de tiempos

Julia se tropieza. Su cuerpo se arrastra por el piso apenas unos centímetros, pero la humillación la embarga.
Ella grita a quien quiera oírla que es torpe, sin embargo cuando se mira en el espejo y ve los resultados de su caída, una vez más marcados en su cuerpo, no puede evitar sentir odio por si misma. Es un lindo cuerpo. Ella solo puede ver sus heridas. Aunque sean imperceptibles.
Su cuerpo le es accesorio. Insiste en reconocer que, lo que convierte interesante a las personas es su mente y no otra cosa. Esto también se aplica a ella.
Igualmente nunca deja de adornarse con ropas y accesorios para evitar ser analizada en profundidad. Sus collares son el equivalente a espejitos de colores. Si no te gusta mi cuerpo, al menos contentate con mis aros, o tal vez con mi bufanda.
Tenes para elegir.
Ahora Julia le lleva al hombre una taza de café que antes de ser entregada es derramada en su propia falda provocando que emita un tremendo grito de dolor. El café estaba, obviamente, muy caliente.
Su terapeuta la reprenderá sosteniendo que fue un acto inconsciente para que notaran su pubis quemado y así generar rechazo al sexo. Al cabo que nadie quiere coger a un pubis machacado por café hirviendo.
Julia da la noche por terminada cuando saluda a el hombre y en ese momento ella confunde la inclinación con un momento de beso romántico y se sonroja al darse cuenta que le están ofreciendo una mejilla amistosa.

Antes de irse a dormir Julia pasa crema con olor a durazno por su cuerpo. Con la mirada perdida se dice en voz muy bajita, que es tarde.

Demasiado tarde para cuidar un cuerpo maltratado.

lunes, octubre 02, 2006

Felicidad


Ubicación: Pipa, Brasil: Pousada Xamá
Temperatura: 30ºC al sol. 26ºC a la sombra. Un poco más en la piel después de haber tomado sol.
Momento del día: después de unas cuantas bañadas en el mar y antes de bañarme para ir a comer
Caipirinhas en el día: 3 o 4 no logro recordar...

sí, son mis patitas