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lunes, noviembre 20, 2006

Black Shot III

Una mujer embarazada de ocho meses
sale a la calle vestida de negro.
Se para en la esquina y cuando pasa una mujer de pelo rubio y vestidos blancos la invita a compartir su cama y su sexo

viernes, noviembre 17, 2006

Tengo a un montón de gente prendida de mi espalda. Vértebra por vértebra se aferran y tiran y pesan. Y el sopor me envuelve los ojos y la nariz como un sweater en invierno. Dificulta la respiración. Aporta al peso total.
Pero sin embargo sigo. Y me paro derecha y juego a que no hay nadie en mis espaldas y sonrió. Emprendo el camino. Muevo la mano como participante barata de un concurso de belleza. (Que no se note, que no se note, todo lo que duele. Que nadie vea)
Buscar el camino del propio abrazo. Dejar de buscar un brazo ajeno que lleve a un pecho cálido al que llegar. (Sonreí Magdalena). Que no vean tus lluvias internas. Sacate ese gesto de constricción.Empezó la música, vamos a saltar. Rebotar a morir. Perder, salto a salto, algún enganchado vertebral. Rebotar y perder la conciencia. Fumar y escapar. Que no duela, que no duela. Mirar y no ver. Estate sola. No abras la puerta, que no viene nadie a comer. Esta vez estás vos sola y tus muertos en la espalda. Música al palo. Me cago en los vecinos, girar y girar y rebotar y liberar y mas humo y confusión.


Yo siempre quise tener unos labios color rosa bebé. En cambio estoy acá atrapada, con esta boca tan… color pezón.

miércoles, noviembre 15, 2006

Ansiedad

¿Te esperan a coger? A mí ya no me esperan.
Hoy en este minuto inmensurable
ya no me enrojecen los roces de una barba
ni el elixir de un whisky importado
me ofrece la promesa de Brangania
para inundar mis venas con cualquier semen
infinito hálito del alma universal supremo deleite.
Ya no golpean mi teléfono ni me hago mago en el polvo ilusorio
no huelo el vapor de los aromas
no contesto ni trago ni sudo ni me pregunto
ni digo cómo que no me estás mintiendo
porque por un minuto por lo menos por fin sé
que este cigarrillo que fumo
no es el que se quema al borde de la cama
sino solamente la ceniza que al mundo regalan mis pulmones.
Ya no suspiro por fondos de bocas ideales
ni hago del día un pozo para enterrar esa poquita vergüenza
en la que después de por favor y perdón
el mecánico ansioso grito manchado
espera que te estés esperando siempre.

Ignacio Miller

Hace tiempo que quería poner este escrito.

Hum.. enjoy!

domingo, noviembre 12, 2006

Mi relación con el universo

Mi vida está llena de simbolismos. Los hay todo el tiempo y en todas las formas. Algunos los intuyo, otros los se de memoria y algunos otros los ignoro hasta que es el momento.
A continuación algunos que recuerdo de estos últimos tiempos:

Los cristales y yo.

Mi cicatriz en la mano derecha fue causada por el quiebre de un jarrón de rosas que alguien mandó. Quizás en el momento equivocado. En el mismo día que decido dejar de pensar en él y hacer algo al respecto, como por ejemplo tomarme un avión a México, cambiándole el agua a las rosas, el jarrón de cristal se rompe en mis manos, causándome un tajo de siete puntos y una cicatriz, esta vez, visible.

El primer domingo después de muchos años que invito a mi padre a almorzar a mi casa, cuando se van, mi vaso de Coca Light decide jugar al efecto dominó y rompe la copa de cristal. La copa donde mi padre alcohólico bebió una vez más su vino.

Los insectos y yo.

Inecita viene a casa y llora en mi sillón sin poder hablar. Cuando logra contarme la muerte de una Magdalena una polilla decide jugar a las espirales por el cielo y acabar su breve vida de un “cabezazo” contra la bombilla de luz.

Sábado a la noche, esperándote, aparece una babosa del amor en mi living. De las mismas que aparecen cada vez que me enamoro. A mitad de camino, decide detener su marcha y morir. Quizás la haya pisado yo sin darme cuenta. Casualmente, vos no venís.

Mi heladera y yo en diversiones oscuras...


El revolver pregunta sin
escribir una palabra.
Sangre cruel.
Cuanto recuerdo.
Las manos arriba aman
con oscuro deseo.

Weitin'

lunes, noviembre 06, 2006

Mi amigo Juani

Hubo una época que yo era una mujer divertida y rebelde. En esa época salía con amigos de martes a domingo y tenía un auténtico grupo de pertenencia. Después no. Crecí y me di cuenta que nadie me podía abarcar. Yo no pertenezco a ningún lado.
De esos años me quedó un solo amigo. De esos que se bancan las cinco letras bien puestas y en voz alta. Es mi amigo Juani.
Me acuerdo en el 99 haber quedado encargada de cuidar un departamento enorme sobre la calle Cerviño. Donde habíamos crecido todos. Era temporal pero valía la pena. El sueldo no daba para más.
Eran muchos metros y muchos recuerdos para tolerar sola. Juani vivía lejos y solo era cuestión de lógica (mi lógica) que Juani se mudara. Juani aceptó y empezó el conocimiento.
Él es una de esas personas que pueden lograr que un grupo de 150 personas se rían. Digamos que 150 personas bien diferentes, con humores diferentes y todas riéndose. Si el dice “vamos a comer un helado” en pleno invierno, te juro que te dan ganas. Porque te podes sentar a escucharlo por horas y no aburrirte.
Es de esos hombres que te miran y saben lo que te pasa. Pero no te lo dicen sino que te trae la respuesta.
Desde el día que lo conocí lo quise. Hizo un cuento desopilante sobre como comer un fideo y no morir en el intento y ya lo quise. Pero esos amores de hermano que te brotan y no los explicas. Bueno, tuvimos que explicarle a mucha gente que éramos solo amigos viviendo en una misma casa, que al cabo esto es Argentina y las mentes muy pequeñas.
Los juicios se calmaron cuando se puso de novio con mi mejor amiga. Ahí ya no preguntaban tanto.
Entonces sí sentí que Juani iba a ser mi hermano para siempre.

Pero un día Juani dijo que se iba. No solo de mi casa, sino de Argentina. El tenía cosas que demostrar. Mundos que conquistar.
Fue la primera vez que me puse tan triste por un amigo. Se me rompió el alma en mil pedazos. Si hasta fui a Ezeiza a despedirlo. Lo vi entrar en ese túnel y yo ya no fui la misma.
Uno aprende de estas cosas. Por ejemplo aprendí que yo no soy una persona divertida, sino que soy una buena acompañante de otras diversiones diversiones. Aprendí a no tomar por sentado a las personas. A no querer demasiado ya nunca mas.
Desde entonces cada tanto nos hablamos. Y me dice “hola cabeza de moco!” y yo le respondo “chimichurri descongelado” o lo que sea que esté viendo con mis ojos. Intentamos también escribimos pero ya no es lo mismo.
El ya no sabe lo que me pasa con tan solo mirarme ni yo lo que le pasa a él. Aunque a veces siento que lo puedo adivinar por el tono de su voz.

A los dos nos pasaron cosas feas en el medio. Intentamos estar cerca pero no era lo mismo que salir a tomar helados o ayudarnos a comprar ropa.
Ahora volvimos a ser dos personas diferentes, con mundos distintos. Como antes de conocernos.

En días como hoy, extraño a mi amigo Juani.