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jueves, agosto 12, 2010

Let us go then, you and I

Cosas que te pasan cuando se te cae el café con leche en tu notebook.
Decidis relajarla después que te dicen que no tiene arreglo y estas viendo algo y te acordas de un poema de T. S. Elliot y maldecís por no poder gugliarlo y entonces te acordas de Juarroz hablándolo y ahi está en tu biblioteca, en su libro y en papel tangible y entonces te da nostalgia de cuando las cosas se buscaban a mano y no con yemas de dedos y vos y el puema contenido en el libro se van de la mano a la cama, que la laptop jamas se atrevería a tamaño avance y se duermen juntos. Y sueñan con tierras baldías llenas de cosas que ya no están en tu vida pero te habitan ahi.
Asi, sí.

And indeed there will be time

To wonder, “Do I dare?” and, “Do I dare?”

Time to turn back and descend the stair,

With a bald spot in the middle of my hair—

[They will say: “How his hair is growing thin!”]

My morning coat, my collar mounting firmly to the chin,

My necktie rich and modest, but asserted by a simple pin—

[They will say: “But how his arms and legs are thin!”]

Do I dare

Disturb the universe?

In a minute there is time

For decisions and revisions which a minute will reverse

martes, agosto 10, 2010

Mi termo y yo.

Me especializo en darle entidad a los objetos. No conforme con eso también me generan sentimientos en su estado éntico. Por ejemplo, me da ternura cuando cambio el agua del día anterior de mi termo. Siento que estuvo guardando el agua a temperatura todo este tiempo y al pedo.
Claro que cualquier similitud con la vida real, es merísima intencionalidad.

miércoles, agosto 04, 2010

Todo es ficcionalizable

Imaginate que vivís en recoleta. Imaginate que sos lugareña en recoleta. Es tu hábitat. Pero imaginate que tampoco perteneces. Entonces buscas un puto lugar de pertenencia. Algún lugar que no te haga conflicto. Y ahí te encontrás con un papel y el teléfono de Valeria - Tarotista. Bajo la consigna de excelencia.en predicciones y un buen historial de adivinanzas, levantas el teléfono y dejas mensaje. Te llaman y concertas cita para el día siguiente.
Entonces te pones tu tapado mas abrigado y salís a combatir a la ola polar que predicen los medios de comunicación varios y te subís a un colectivo, después a otro y llegas en hora.
Tocas timbre y te das cuenta que nada en tu vida, te preparó para esto.
Un portón verde y cuatro sillas en un pasillo, con cuatro mujeres, claro. Los hombres de alguna manera parecen inmunes a la futurologia. Un tema de géneros pienso.
No hay sillas libres. Asomo mi cabeza pensando que esto es como ir al médico, habrá que anunciarse pienso. Y una señora me responde: ella sabe que estas. Aparentemente ahora pienso en voz alta. Todas esperan a Valeria. El pasillo esta lleno de estampitas. Imagenes de Jesús, flores de plástico y no lo veo pero imagino al gauchito gil en algún costado lleno de cintas rojas y vicios varios.
El olor a pis se torna de a ratos insoportable. La mujer al lado mío parece no percatarse y a cambio dibuja lineas en una hoja blanca con su lápiz automático. ¿Tarda mucho? pregunto. Con algunas si. ¿Es tu primera vez? Es mi primera vez en el tarot - respondo. Eleva sus ojos al cielo y agrega que Valeria es muy respetada. Los politicos vienen a verla, pero ella no es carera. Ella es del pueblo, agrega. Después una larga perorata sobre su vida, porque vino, que le falta. Esto me ocurre siempre. Casi siempre con las viejas de las colas del supermercado. La gente me habla, me cuenta su vida. Acá, también.
Saco mi libro y trato de amenizar la espera, en realidad trato de contenerme para no salir corriendo. Los dos colectivos y el coraje es difícil de volver a estar combinados, aprovecho el impulso y me quedo.
Si pienso que en ese mismo día tuve mi sesión de terapia, apenas dos horas antes, no tengo cómo quedarme. Respiro hondo y recuerdo a quien me lo recomendó y su poco probable destino y cómo se hizo realidad, anunciado por Valeria.
Entra gente, sale gente. Yo leo. A Jhon Kennedy Tool leo. Ignatius se me presenta tan familiar que solo me río.
Cada tanto leo las paredes. Cualgan entre imágenes paganas diplomas de tarot con nombres ya esfumados por el paso del tiempo. En el medio, una bandera paraguaya.
Pasa mas gente y me toca a mi. A pesar del cartel que pide no grabar o filmar las entrevistas cometo un acto de locura y prendo mi celular para que grabe su voz.
Me toca a mi, mezclo las cartas y empieza el discurso sobre mi vida. Sobre mi amor, sobre mi futuro.
Todo parece mínimo, hechos dados. El no vuelve, yo sigo amando desde acá, aparece un hombre nuevo, soy afortunada, esta es tu historia parece decirme. Yo solo atino a afirmarlo, con ojos abiertos.
Habla de trabas, embrujos dice. Ella lo resuelve, solo rezando y sin pagos adicionales.
Pago mis setenta pesos y le doy un beso.
Primero por hacerme recordar tantas cosas, segundo por decirme que él me quiso como pudo.
Llego a casa y escucho lo que quedó grabado. Uno de estos días buscando, voy a encontrar algo, pienso.
Lo único que se ahora es que tengo voz de pelotuda.