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sábado, abril 30, 2011

18.31

Mi recuerdo mas fuerte de Alfonsín es de cuando dijo que la casa estaba en orden. También me acuerdo donde estaba en esa Pascua y puedo jurar que mientras Seineldín se pintaba la cara con rayas negras yo estaba escondida en el galpón del campo de Josefina en Las Flores, pcia de Buenos Aires.
Probablemente estuviera escondida de Josefina y enamorada de algún libro. Un libro sin muchas aspiraciones, casi puedo jurar que era Descubre tu propia aventura, pero me vinieron a buscar para tomar el Nesquick y cuando entré escuché por la radio de la cocina esto de la casa estando en orden y esbozos de una débil explicación de humanos enfrentándose.
Claro que ya habíamos tenido antes el simulacro de conflicto en el colegio en caso de bombardeo inglés, pero ahi no me lo acuerdo como asimilación de guerra, sino mas bien una prolongación de un cantito que cantábamos en los recreos de mi colegio con uniforme escocés que decía bobby, mi buen amigo, este verano no podré jugar contigo. También recuerdo a un amigo de mi padre expresando lo inconveniente de la guerra que no le permitía mantener la tradición de llamar a su hijo con nombre inglés como las cinco generaciones que lo precedían. Se deduce, mi aprehensión de la guerra, fue en ese entonces bastante confusa.
Esa pascua sin dudas fue mi primer registro de turbulencia real. No recuerdo que palabras usaron, pero si noté la tensión en la voz. La angustia cuando me hablaron del servicio militar obligatorio y que hasta cuando y con que fin. Hoy leo conflictos en países lejanos, muertes como quien cuenta ovejas y no me impacta emocionalmente. Me impacta moralmente, y reduzco su inmensidad a expresiones de tipo: todo por un tonel de petróleo y cosas así y me pregunto también que pasaría si la guerra física me volviera a tocar de cerca.
A eso no lo puedo digerir y en cambio elijo concentrarme en todas mis guerras internas. Pequeña burguesa, niña rica y aburrida, solo que sin plata. Eso si que no llegó.
Gran parte de la energía que me queda se me va en sostener a mi padre que elije, esta vez con causa, dejarse morir, negarse a tratamientos y todo el conflicto que se me presenta attachado a la muerte temprana de madre, que sí quería vivir y no pudo.
El restante de la energía se me va en dejar ir a personas que no están enfermas, que a conciencia eligen no tenerme en su vida y yo también tengo que aceptar eso. En definitiva en un mañana yo estaré mejor sin ellas. Ya estamos grandes para andar reteniendo seres, es el proceso lo que duele más. Me repito como mantra, un día calmará.
En otra instancia de mi día en donde no soy el centro de mí misma, una amiga que nunca me pidió nada a cambio de las mejores charlas que he tenido sostenidamente y a lo largo de muchos años, retoma parte de un chat robado a mis horas de trabajo y me descontextualiza y cita en su blog diciendo que resucito a las 18:30 de cada día laboral.
Que son horas muertas hasta ese punto. Que no soy, hasta entonces.
Y la leo a ella, la imagino identificándose con la actitud, pero corriendo 18.35 a sus cuadros, a su amor.
Y yo me veo corriendo a mi computadora y a mis guerras, a mi sexo sin amor y una casa violeta. Vacía.
Mientras digiero esto me encuentro calmándome, dándome palmaditas en la espalda al son de tranquila, vos hacés lo que podes. Patrañas.
Quisiera ser libre de guerras, ser libre de retenciones, libre de responsabilidades inscriptas.
Quisiera ser yo después de las 18.30.
Quisiera desear.

viernes, abril 15, 2011

111

Empecé a viajar en el 111 cuando empecé a trabajar acá en esta oficina desde la que tipeo. Algo que me gusta mucho de cambiar de trabajo es cambiar de recorrido de colectivo. Nunca me pasó de cambiar de trabajo y mantener la línea. Hay que ver que me pasa ahí.
Decía hace mas o menos 6 meses que viajo en el 111 y hace mas o menos 5 meses que reconozco las caras.
Comparto viaje con estudiantes de Agronomía, veterniaria y tal. Me entero de las salidas de los chicos, de las épocas de exámenes y fue lindo viajar en Enero sin gritos de asiento a asiento.
Ahi fue que termine de identificar a mis compañeros leales. A los permanentes, a los que viven la misma rutina que yo, esa que implica a las 8.20 estar en la parada para recibir al colectivo.
Entre los que reconocí me identifique una mañana con una pareja. Yo me acababa de despedir en la esquina y tenía, también, el pelo mojado de la despedida post coital. Ellos se subieron juntos y continuaron el acto amatorio. Esa urgencia de besos que habla de inicio de la relación. Ella y sus rulos mojados tan contenta, colgándose del brazo de él. El, por suerte, respondiendo.
Ah! Sonreimos todos.
Ella tenía un uniforme de un centro médico. A él le adjudique la categoría de médico o tal vez de Jefe de Administración.
Pasaron los días, muchos coincidimos. Según mi humor matinal los odiaba o me alegraban la mañana.
La situación se iba calmando. Ya se sentaban, ya podían hablar sin interrupción de bocas. Se fueron volviendo reales, pero seguían tomando el colectivo juntos. Un día ella apareció con los rulos secosy cada vez menos sonrisas.
Todo terminó de cerrar hoy, cuando en mi parada aparece él, sin los rulos de ella. Y mirando el reloj impaciente decide tomar e 39.
Casi le grito que ahi venía el 111 pero se sabe que la fraternalización de compañeros frecuentes de colectivos es algo interno. Difícil exteriorizarla.
Por suerte conseguí asiento y con gran tristeza pude ver que en la parada siguiente se subió ella. Rulos secos y ojos hinchados, mirando con desilución para no encontrarlo.
Tuve que hacer mucha fuerza para no ir a abrazarla a su asiento.

Los finales de una relación siempre son duros. Pero cuando se vive desde afuera, viendo los pasos a seguir, siempre duelen mas.
Hoy brindo por ellos. Porque la próxima les dure mas.