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sábado, agosto 27, 2011

Vacaciones en tu cabeza

En el último tiempo, cambié de trabajo, volví a mi vida y me convertí en una persona ocho años menor a la indicada en mi dni.
Hace mucho tiempo que no medía el impacto de un trabajo en tu personalidad. De repente, hacer algo que te gusta, con gente que te entiende y con la que hay afinidad real, tuvo un impacto en mi ánimo que no pude llegar a dimensionar. Pertenezco a la generación en la que mi trabajo me define, o al menos eso me enteré en mi nuevo trabajo. Hay generaciones a las que no les sucede, a estos otros, muchas otras cosas los definen o quizás evolucionaron y nada los define mas que la indefinición y allá ellos. Decía, estoy habitando un espacio feliz y conociendo muchas gentes. En este estado supe atraer a dos cabezas muy simpáticas que vinieron a compartir la mesa conmigo.
Me detendría a contarte todas las batallas internas que tuve que atravesar para poder decir que si, que vengan, que yo cocino, batallas para no cocinarme la vida, para no cancelar a último momento, pero mejor no.
Mejor te cuento que vinieron, cada a uno a su cena por separado, y se sentaron y me miraron y los miré. En algún momento de la noche se fueron distrajendo y me dejaron conocerlos. Fue maravilloso.
Quizás el contraste fue lo más impactante. Un ser simple y calmo y un ser turbado y pretenciosamente oscuro bajando de a poco sus guardias. Hay algo maravilloso cuando alguien baja las guardias. Hay algo maravilloso en un hombre que se sabe atractivo en su mente. En cualquiera de los dos casos, el resultado de las noche fue interesante. Lo mas maravilloso de todo fue la sensación de habitar una mente ajena.
Aparentemente cuando soy feliz soy menos egoísta, porque no recuerdo haber hablado en esas noches, o utilizado estrategia de comunicación alguna.
Sólo fueron noches en las que me fui de vacaciones a sus cabezas. Y me gustaron.