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jueves, diciembre 27, 2012

Hoy me dieron el premio a la mejor compañera en la oficina donde trabajo. No es menor. No para mi. No para este año.
Uno a veces carga con sus cruces y las arrastra, las levanta, las usa de contrapeso para ejercitarse. Otras se rasca con los vértices de la madera.
Este fue un año de curaciones. Me dedique con alma y vida a ser buena. A curar mi pasado. A pagar mi karma.
El reconocimiento me vino a 5 días de acabarse el año y no podía ser mas oportuno.
Para muchos puede ser una bobada. O natural. A veces pienso que soy buena naturalmente. Otras que con la edad vino el preciado 5 segundos antes de responder, se respira hondo y se elije la mejor comunicación posible.
Otras veces pienso que soy una real pelotuda.
Pero de vuelta me traigo y digo que no me gane al premio a la mas boluda, sino a la mejor compañera.
Tengo un trofeo y una valoración de un grupo de gente que se puso de acuerdo y dijo que si, que me ven y que no es tan grave lo que ven.

A ver si con esto levanto la moral.

miércoles, diciembre 12, 2012

lunes, agosto 20, 2012

To the Virgins, to make much of Time - Robert Herrick

GATHER ye rosebuds while ye may, 
  Old Time is still a-flying: 
And this same flower that smiles to-day 
  To-morrow will be dying.

domingo, agosto 12, 2012

On illusions and form

En este mundo se trabaja sobre las formas, más que en esencias. Somos personas que nos quedamos en las formas, lo tangible, lo percibible, lo subjetivo.
Frente a dos des-ilusiones grandes de esta semana, me doy cuenta hoy, de mi gran poder de resilencia y me sorprendo.
Desde el miércoles a esta parte, estoy enojada. Primero por el no, después por haberme subido a la posibilidad de la ilusión sin que ésta sea concreta, tercero por no tener respiro hace tantos años y la lista sigue y se acumula.
Entonces hoy, al sol me pregunto ¿Será que me tengo que volver científica?
Quizás sea el momento de dejar las suposiciones, el espacio para el tal vez y contentar con lo que hay. Quizás es momento de dejar de esperar.
Mientras escribo esto, me río. Llevo tantos años siendo yo que puedo detectar mis propias mentiras. Mis propias palmadas en la espalda cuando la cosa se pone áspera.
Sé muy bien que no voy a poder sostener el pesimismo, el pie de plomo, la cautela.
No es como encaro la vida.
On forms
No está el mundo preparado para más que un tratamiento sobre las formas. Los libros de autoayuda, no ayudan porque no profundizan. El punto no es repetirte al infinito que la próxima vez tu relación será sana y si te visualizás nadando en plata a lo rico mcpato esta va a venir. Se trata de respetar tu esencia. De encontrar la belleza de meter las manos en la tierra de tus macetas y podar tus plantas para la primavera y decir, esto sí que me esplacentero. Me es esencialmente bueno a mi ser. Está, la belleza, meramente conectada en conocer tus límites y tus placeres. En recuperar tu lujuria, en canalizarla bien, en saber tu poder.
La esencia nos hará libres. Las formas, deberían servir a la esencia sometidamente dejándote ser.
On Illusions
No soy una persona pesimista. Soy una optimista con mala suerte. Entonces si cuando salgo de una entrevista de trabajo convencida que es la salvación de mis días, o invito a un hombre a comer a mi casa, esperando que nos demos placer mutuamente, es lógico que si algo no sucede de acuerdo a lo imaginado, venga la desilusión.
La desilusión y el enojo se contienen mutuamente y si se te da por referenciarte el fracaso, el no cumplimiento de ese objetivo, todo se complica más.
Entonces hay que volver a On Forms y entender que quizás es un tema de esencia, de destino, de supervivencia, casi.
No todo siempre puede ser, no todo siempre debe ser.



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sábado, julio 14, 2012

De la timidez y otros cuentos

Creo haberlo dicho, pero por si no queda claro hasta ahora, yo soy una tímida recuperada. Para mi es claro que si no fuera por la necesidad básica de comunicación inherente a toda psiquis mas o menos sana, yo no saldría de mi casa. Esto lo sospecharon desde que yo era chica y en el campo desaparecía cuando venían visitas, para solo volver toda sucia y sonriente cuando me aseguraba que se habían ido. Esto no pasó de una sospecha ni se convirtió en un problema en el núcleo de mi familia durante mis primeros años. Mi mamá estaba haciendo siempre algo en la casa y sin tiempo de sobra para mirarme, lo mismo mi padre. Mis hermanos, casi siameses con sus 10 meses de separación, apenas si notaban a la hermana rezagada 4 años más chica. Su sociabilización se satisfacía con la compañía mutua.
Recién fue evidente cuando vinimos a bs as y entonces el colegio, el uniforme y los malditos reportes y boletines donde una y otra vez se marcaba la conducta, el hecho inaceptable, la condena: ni las profesoras ni mis compañeras conocían mi voz.
De alguna manera me las arreglé, formé un clan con otras dos tímidas y entre nosotras nos las arreglábamos. Para ser tres descastadas y mujeres en crecimiento, la verdad, no tuvimos problemas. Respetamos las distancias mutuas y nunca nos contábamos cosas. El plan era un éxito. Frente a padres y familia eramos amigas y entre nosotras, reinaba el silencio.
Todo se complicó cuando nos despedimos, el último día de clases terminando el secundario, mirándonos los pies mientras el resto de la clase prometía encuentros frecuentes y carreras compartidas y amistades eternas. Nosotras tres, sabiamente, elegimos estudios que no requirieran intreacción frecuente con humanos. Sólo había que pasar el estudio de la carrera y superar nuestro terror: trabajos en grupo. En ese momento, último día de clase, nos quedamos las tres en silencio, apenas si enunciamos nuestros deseos estudiantiles: biología, veterinaria y yo a las letras. Bajamos las miradas y lo sabíamos. No nos íbamos a volver a ver y lo más terrible de todo, ya no contábamos mas con la fachada de las otras. Adaptación o muerte nos deparaba el futuro.
Para el período de la universidad me armé de coraje y empecé a pergueñar a esta versión sociable y falsamente extrovertida en la hoy estoy convertida. No fue tan duro como sospechaba, conocí gente interesante y de mil colores. Me fui de viaje por quince días a europa en la época dulce de la argentina y me quedé dos años. Eso se llamó mi etapa, mirá todo lo que hago por amor. Pensándolo para atrás durante ese período de mi vida, la timidez quedó muy rezagada. No se si fueron las drogas, o la energía de los veinte, pero no me recuerdo con problemas para hablar con nadie.
Hace un tiempo, establecida, dueña de casa y con gato, volvió la timidez.
Y volvió en forma de compañero de trabajo. Ya había conocido gente con estas características, pero no es hasta ahora que la tengo que padecer diariamente que mi timidez prendió sus alarmas. 
Mi compañero es un cuentista.
No me molesta la gente que cuenta cosas, de hecho, la recibo con alivio. Casi siempre eso significa que yo no tengo que preocuparme por hablar. El que cuenta se lleva la atención y a mi me queda todo el placer de la contemplación. Mirar las caras de quien escucha, mirar los gestos de quien habla. Saborear sus elecciones de palabras y detectar los giros lingüísticos heredados.
En cambio sí me molesta el cuentista. Me molesta quien frente a una charla ajena, porque no suelen ser ellos quienes la inicien, no, decía, frente a una charla ajena y con la sola mención de por ejemplo, mar del plata, ellos tienen un cuento sobre el tema y lo imponen.
En una situación típica, alguien le pregunta como le fue en mar del plata y el otro a punto de responder se ve avasallado por la experiencia del cuentista que larga en forma de ladrillo su cuento relacionado. El problema no es la interrupción, ni acaso el peso del cuento. El problema es que el cuentista se maneja con enlatados. Al principio es difícil verlo, y no se detecta hasta que se pasa mucho tiempo con él. El problema, el verdadero problema es que el cuentista juega a las cartas con sus cuentos.
Tiene una cantidad limitada, limitadísima, de historias para contar y se esconde agazapado, escuchando conversaciones ajenas, esperando pacientemente poder lanzarla cuando haya espacio. Entonces analiza, cuál de todos sus roídos cuentos enlatados lanzar y paf! en la mitad de la charla aterriza devastando el diálogo. Aridizando la conversación, todo tan abrupto y tan forzado, queda el ladrillo en el medio de los que supieron dialogar y ya después de eso, la nada.
Entonces el cuentista, contento con su oportunidad, vuelve a la carga con otro ladrillo y otro, y otro. Si no fuéramos tan condenadamente correctos, si acaso hiciéramos lo que sentimos en cada momento de convención social, yo creo que sólo quedaría la huida.
Es que frente a un cuentista, sólo queda esa opción, antes del final inequívoco que tanto los tímidos como los otros tememos. El final mas terrible que es, convertirnos nosotros en ese fragmento lejano de quienes somos,  convertirnos en un ladrillo que espera ser lanzado frente a su próxima víctima forzada.

domingo, junio 03, 2012

Es domingo a la tarde y estoy en lucha. Lucho en primer lugar con mi resfrío. Lucho desde un lugar orgánico. Diciéndole a cada célula que resista, que no sucumba. No quiero estar enferma. En la mitad de mi lucha, prendo la tele. Nunca prendo la tele, pero quizás si reposo, si me quedo quieta, partes de mi cuerpo no se enteren de mi gripe y ella siga de largo. En la tele dan una peli argentina, mala como sólo una peli argentina puede ser. Llena de lugares comunes, pasos de comedia ensayados por escritores americanos desde los ochenta y ni una sola idea original para aportar. En la peli, una chica le paga a un chico para que pretenda frente a su madre que es el padre del hijo que lleva en la panza, y claro, para el final el termina enamorándose y final feliz. Nada sorprendente. Por lo común y por lo real. Siempre que pases mucho tiempo cerca de alguien, algo te va a atraer. el tema es dejarse ir. Yo nunca me dejo ir. Yo necesito que me arrastren. Y ya nadie me arrastra a ningún lado.
Para recomponer mi autoestima de domingo frío y engripada me pongo una máscara en la cara, de esas que te hacen bien a la piel y mientras espero que haga efecto, quiero prender un cigarrillo que es casualmente el que genera que mi piel no se vea bien y a la vez, lo que me generá la gripe que me tiene de ánimos caídos.
Como se ve, es un circulo vicioso del cual no logro salir. Lo que me hace mal es lo que me tapa la salida.
Asi las cosas.
Baño y a esperar que mañana esté mejor y con la piel mas lisa.

viernes, enero 06, 2012

Todos los gatos, mi gato

Hace rato que quiero venir acá a escribir sobre mi gato. Pero la verdad es que lo que tengo para escribir ya lo lei una y mil veces casi siempre en blogs de mujeres solteras y con gatos. Condición de la que soy parte.
No quiero abultar al mundo con eso.
Soy feliz y tengo gato y mi gato me enseña otra vez a querer a alguien, aunque sea un gato. Y es lindo y ronrronea que da gusto y cada tanto se chifla y me araña.
Otras veces, no. Otras veces armamos combates de mis dedos contra sus bigotes y se desata la campal.
Que lindo es mi gato. Con que orgullo llevo mis piernas arañadas y mi corazón sanado.